Entre 1988 y 1995, el librero y escritor Álvaro Castillo Granada trabajó en Enviado Especial Libros, la librería que Germán Castro Caycedo tenía junto a su esposa, Gloria Moreno, en el sector hoy conocido como la Zona G de Bogotá. Ahí conoció al hombre detrás del periodista que, para su generación, era sobre todo el director de Enviado Especial, uno de los programas de periodísticos más importantes en la historia de la televisión colombiana.
El método: no soltar la historia
Castillo describe un procedimiento de trabajo repetido en toda la obra de Castro Caycedo: viajar al terreno, hacerse uno con la población, escuchar todas las voces posibles y, una vez que una historia le llegaba, no soltarla hasta agotar todas sus capas, «como si fueran una cebolla». De ese método surgió Colombia amarga, su primer gran éxito y, según el propio Álvaro, la puerta de entrada obligada a su obra.
Ese mismo procedimiento explica por qué temas aparentemente acotados —la brujería, por ejemplo— terminaban destapando relaciones con el poder, el narcotráfico y lo más sórdido del país. La televisión y los libros se retroalimentaban: los reportajes de Enviado Especial nutrían las crónicas, y las crónicas volvían a alimentar la televisión.
Una obra que no envejece
Castillo señala algo incómodo: buena parte de esas crónicas, escritas en los años setenta y ochenta, podrían leerse hoy como si hubieran sido escritas en la actualidad. Los temas —desplazamiento, cultivos ilícitos, violencia, marginalidad— siguen siendo los mismos. «Eso, en mi opinión, debería entristecernos a todos», dice, aunque lo interpreta también como la prueba de que el periodismo puede convertirse en género literario que trasciende el tiempo, en lugar de un texto que se desecha al día siguiente de publicado.
Un mapa de lectura por temas
Para quien quiera entrar a la obra de Castro Caycedo, Álvaro Castillo ofrece una hoja de ruta según el interés del lector:
- El huracán, sobre la conquista de América, donde ubica al Castro Caycedo estilista, «con un trabajo de lenguaje excepcional».
- Perdido en el Amazonas y Mi alma se la dejo al diablo, para la selva.
- El Palacio sin máscara, extraordinario reportaje sobre la toma del Palacio de Justicia.
- El Karina, la odisea del contrabando de armas del M-19 desde Europa, con ritmo de novela de aventuras.
- El hueco, sobre la inmigración ilegal hacia Estados Unidos.
- Nuestra guerra ajena, sobre los intereses geopolíticos detrás de la guerra contra las drogas.
«Cualquier tema que uno quiera explorar lo puede encontrar en la obra periodística de Germán Castro Caycedo», resume.
El hombre detrás del personaje
Más allá del oficio, Castillo recuerda a alguien campechano y sin afán de protagonismo, que llamaba «Alvarito» a quien entonces tenía apenas 19 años y presentaba con orgullo desmedido ante otras personas. Recuerda la maleta militar que le regaló solo porque se la admiró, y la búsqueda de casi veinte años de un libro sobre la masacre de My Lai que finalmente logró conseguirle.
También rescata un dato que corre el riesgo de perderse: gran parte del archivo de Enviado Especial desapareció porque, en su momento, RTI reutilizaba las cintas de video. Lo que sobrevive en la memoria de quienes lo vieron —como una conversación entre Castro Caycedo y Jorge Velosa, cerveza en mano, en un pueblo de Boyacá— es, en buena medida, todo lo que queda de ese archivo perdido.
Por qué seguir leyéndolo
Para el librero, el riesgo real no es que la obra de Castro Caycedo envejezca, sino que el país la olvide. «Una obligación de un país es no permitir que personas como él pasen desapercibidas», advierte, y menciona a otros periodistas colombianos —como Alejandro Miró Quesada— que corren el mismo peligro de desaparecer de la memoria colectiva.
Leer hoy a Castro Caycedo, insiste, es aceptar una invitación a la aventura, con la particularidad de que esas aventuras son reales.