Hoy se cumplen cinco años de la muerte de Germán Castro Caycedo, fallecido el 15 de julio de 2021. Como parte de su homenaje, el poeta y narrador Darío Jaramillo Agudelo comparte, en video, su testimonio sobre el autor y su lugar en el periodismo y la literatura colombiana.
Jaramillo describe que no sostuvo una amistad cercana, pero conoció su obra y, a través de ella, a un ser humano que lo impactó: «Yo no tuve nunca una cercanía de íntimo amigo con Germán. Lo conocí porque conocí sus libros, y eso me llevó a conocer a la persona».
Lo describe como un perfeccionista que buscaba siempre llegar al fondo de las cosas, una obsesión que lo hacía viajar al fin del mundo por un solo dato. Esa exigencia con la información, sostiene, fue el contenido material de sus crónicas; pero fue su calidad como escritor la que lo convirtió en un autor clásico.
Según Jaramillo, la percepción sobre Castro Caycedo cambió con el tiempo. Cuando publicó Colombia amarga —su primer gran éxito—, seguido de El Alcaraván y Señor de los mares, se le reconocía como «un periodista tan bueno que se leían sus crónicas», sin una valoración literaria más allá de eso. Ese panorama se transformó en los años noventa, cuando la crónica comenzó a considerarse un género literario en sí mismo. A partir de entonces, Germán pasó a ser visto como uno de los grandes fundadores del género en español, junto a los antecedentes que recogería después una generación de cronistas latinoamericanos encabezada por Juan Villoro y Leila Guerriero, quienes a su vez bebieron de la crónica en inglés —de autores como Truman Capote— y de referentes en español como el propio Castro Caycedo.
«Es un gran narrador, un hombre con un sentido del idioma excepcional, propio de un gran escritor, y sigue siendo de apasionante lectura», afirma Jaramillo en el video, quien señala Perdido en el Amazonas como su libro favorito del autor, aunque aclara que esa valoración podría cambiar si vuelve a leer toda su obra.
El poeta también destaca El Karina y La bruja entre los títulos más sobresalientes. Sobre este último libro, recuerda que su escritura implicó un riesgo personal real para el autor, quien «estaba metiéndose en la boca del lobo» al adentrarse en territorios de poder que nadie más había explorado, violando tabúes vigentes en el momento de su publicación.
Para Jaramillo, lo que hace que los lectores regresen a la obra de Castro Caycedo décadas después de escrita es su estilo literario y su capacidad para construir suspenso dentro de una crónica, un logro que considera poco común en el género.