TOROS BRAVOS DONDE MORAN LAS ÁGUILAS

TOROS BRAVOS DONDE MORAN LAS ÁGUILAS

Medio: EL RUEDO, semanario gráfico de los toros.

Fecha: 23 de junio de 1964.

Autor: Germán Castro Caycedo / Fotos: Sin registro.

En el corazón de los Andes, a 3.500 metros de altura sobre el nivel del mar, frescos herbazales, floridos como en eterna primavera.  — La tribu indígena de los «Guambianos», que adora al sol y representa un núcleo social que se gobierna mediante normas consuetudinarias propias, principales espectadores del tentadero. — Valor relativo de la tienta. —Toros que no se caen. La tradición española sobre la cría del toro bravo tiene plena vigencia en el cortijo. — Extraordinario poder enrasador del toro de Santa Coloma. — El Dr. Ernesto González Piedrahita fanático hispanista e «impenitente aficionado a la Gaya Fiesta». 

A la izquierda, dos fotos: En el grandioso panorama de los Andes — pastos de eterna primavera en la línea ecuatorial — se encuentra el nuevo reino del toro de lidia español. Estos son los pastos de «Las Mercedes», hacienda del doctor González Piedrahita, donde cria su ganadería en la más pura sangre de Vistahermosa. — Dicen que los toros de González Piedrahita no se caen. ¿Cómo van a hacerlo si desde las becerras a los utreros pueden galopar a sus anchas por la sierra de repechos impresionantes y de aire vivificador?

(Texto: German Castro Caycedo. Fotos: Loaiza)

Arriba: Caminar a caballo por las trochas y vericuetos de aquellos montes, cuyas cumbres tocan el cielo, es placer que practica el ganadero. Aquí vemos al doctor Gonzáles Piedrahita ex ministro de Relaciones Exteriores, gobernador del Valle y delegado de la Cámara de Representantes, con el ex matador Jerónimo Pimentel.

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Colombia, país privilegiado en América por su posición geográfica es cruzado de sur a norte por la cordillera de los Andes; cuya accidentada topografía le permite a nuestro suelo tener todo tipo de climas, desde los ardientes valles de los ríos hasta las glaciales cumbres de los nevados.

Allí, en un rincón de la cordillera al sur del país, y a un palmo de terreno de la línea ecuatorial, está situado el departamento del Cauca, en cuyo corazón pasta la que tal vez es la primera vacada de Colombia actualmente: Las Mercedes de González Piedrahita.

La temperatura oscila entre los cuatro y trece grados centígrados durante todo el año y, como en el resto del mundo, no se conocen las estaciones. Solo se diferencian dos fenómenos climatológicos que solemos llamar invierno y verano, aunque ellos no tengan duración o épocas definidas para acaecer. Durante el invierno no nieva y por eso los vegetales mantienen su frescura durante los doce meses del año. Amanece a las seis de la mañana cayendo el sol a las seis de la tarde. Por eso las noches son iguales a los días: de doce horas cada uno.

Las Mercedes ocupa una extensión mayor a las 1.000 hectáreas todas sobre terreno quebrado y cubiertas por «pasto azul», «trébol» y algunas leguminosas gramíneas de la región, gracias a la fertilidad de la tierra. Como consecuencias de la topografía hay agua – que nace de la misma finca – en abundancia superior. El clima es altamente seco y el aire, helado, quema la piel y «transmite mayor vitalidad tanto a plantas como a animales».

La estancia de «Las Mercedes» es una antigua casona con aire y pátina coloniales, acentuados por motivos taurinos, carteles toreros, cabezas disecadas de animales de bandera. Y a estos elementos, cabezas de la Fiesta y evocación de España, les comunican su prestancia algunos cuadros de Andrés Martínez de León.

El contorno lo decora un jardín que permanece siempre cuajado de flores «que ennoblece, perfuma y alegra tanto al hogar campestre del propietario como al austero albergue del equipo que comparte con aquel desde la fundación de la vacada los sucesos y los triunfos anexos a ese género de actividades».

Después de la agotadora faena del día, y en torno a la mesa que congregaba a quienes habíamos tomado parte activa en el tentadero para comentar los resultados de éste, el propietario responde una una nuestras preguntas:

LA ESTIRPE BRAVA

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En 1946 — dice el doctor González Piedrahita —  traje de Méjico sesenta vacas y seis sementales, comprados a los hermanos Antonio y Julián Llaguno, propietarios de los famosos cortijos de San Mateo y Torrecilla. Como es sabido, fueron los señores Llaguno entusiastas aficionados y los más competentes ganaderos que registran los anales de la Fiesta en el país azteca.

A principios del presente siglo, y por consejo de sus parientes los matadores Ricardo y Emilio Torres, los señores Llaguno fletaron un barco e introdujeron en Méjico un buen número de vacas y varios sementales adquiridos a los sucesores de don Antonio Rueda y Quintanilla, sexto marqués de Saltillo.

Provenía la ganadería de Saltillo en línea directa del tronco de Vistahermosa y figuraba por esas calendas entre las más cotizadas, al lado de Veragua, Murube, Martínez, Aleas y Miura. Los ases de entonces, especialmente Rafael Guerra, los Bombas, Luis Mazantini y Machaco, no ocultaban su predilección por los saltillos, dados su gran espíritu de combate en todos los tercios y su idoneidad para el lucimiento, dentro de las nuevas realidades que por entonces se iniciaron y que hubieron de culminar con la revolución belmontina.

En 1918 la ganadería fue adquirida por don Félix Moreno Ardanuy, y hoy se lidia a nombre de don Javier Moreno de la Cova con éxito extraordinario.

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TRES RAMAS DISTINTAS

Dentro de la organización de «Las Mercedes» la rama de Saltillo se conserva y dirige separadamente de las otras, y de ella proceden los nombres de los toros que hicieron posibles las grandes faenas realizadas en las últimas ferias de Cali por El Viti, Camino y Clavel. Faenas consagratorias que difícilmente olvidará la afición de nuestra comarca.

Más tarde — continúa el ganadero — fueron incorporadas a la finca diez vacas y dos sementales de la ganadería sevillana de don Tulio y don Isaías Vázquez, corriente de sangre que se selecciona y cuida por separado como una reserva de solera fuerte, sangre fresca y buena raza.

Hace un poco más de tres años adquirió la ganadería tres sementales de Santa Coloma, que están padreando con sendos grupos de vacas de Saltillo. Estas dos corrientes de sangre tienen un origen común, porque el conde de Santa Coloma adquirió en 1904 parto de la ganadería de don Eduardo Ibarra, y posteriormente amplió la torada con reses del marqués de Saltillo.

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TRANSMISIÓN DE BRAVURA

Es una observación muy comprobada la de que el toro de Santa Coloma, por razón quizás de su limpio abolengo a través de una centuria, tiene una singular capacidad para transmitir a la progenie sus caracteres de casta y estilo. Y la tienta de hoy — usted lo ha presenciado — ha puesto de relieve que no nos hemos equivocado en la cruza con la línea de Saltillo.

Es evidente que los españoles, al estructurar el toro de lidia, han efectuado un insuperable aporte a la zootecnia. Por eso he considerado un desacierto separarse de las tradiciones españolas sobre la administración de la ganadería brava en América. En este cortijo no hemos pretendido nunca enmendar la plana a los maestros, y sólo nos apartamos de sus experiencias en cuanto a que por dificultades de orden topográfico no podemos hacer el tentadero de machos en campo abierto, sino en la plaza donde se tientan las vacas. Allí reciben los erales uno o dos picotazos sólo para apreciar su estilo de embestir y juzgar acerca de la casta por la manera de ir al caballo y salir de él.

Además, en mi falible opinión, la tienta es una prueba de valor muy relativo, porque el concepto de la bravura es eminentemente subjetivo y porque ésta no es constante en cada individuo: varía, crece o decrece en el curso del desarrollo del animal.

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EL TORO QUE NO CAE

La afición colombiana no recuerda haber visto nunca caer un toro de «Las Mercedes» durante la lidia. ¿Cómo ha logrado el ganadero corregir esta deplorable deficiencia de energía, tan frecuente en la actualidad?

-En mi concepto, esa falta de dureza y estabilidad de los toros obedece principalmente a un fenómeno de consanguinidad demasiado prolongada. La experiencia enseña que los cruces entre elementos disímiles, que por vía de estudio se hacen en las ganaderías, dan productos de gran fortaleza que nunca se caen durante la lidia. Guardando las distancias, puede hablarse del «vigor híbrido que trae aparejado el choque de sangres y que se observa en todas las razas, sin excluir la humana mechanical bull.

Es posible también que el suministro exagerado de pienso a los utreros para colocarlos antes de la edad requerida dentro del peso exigido por las autoridades determine la inestabilidad y la torpeza de los remos de las reses de lidia. Alguien ha dicho gráficamente que sobrealimentar en exceso a un toro precoz es como ponerle a un niño el sobretodo de invierno de su padre.

— Considero — responde el doctor González — que tanto el torero como el toro actuales han de ser producto del momento social y reflejar el gusto de públicos. El arquetipo del toro no puede ser el idóneo simplemente para las faenas de trámite con que el torero sale del compromiso sin pena ni gloria. Aparte de la casta, es indispensable que el toro tenga ritmo y temple en este momento en que las faenas, por exigencias del público, deben tener mayor desarrollo y trabazón, más perfecta arquitectura y fijeza.

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LOS «GUAMBIANOS» SON TÍMIDOS

El agradable frío de la mañana nos pilla en la placita de tienta. Una docena de maletillas ocupa el tendido en espera de que el matador pida un torero.

Con movimientos felinos, y durante el desarrollo de la faena, los indios «Guambianos» asoman tímidamente sus caras por la parte superior de las paredes. Silenciosamente siguen todos los movimientos y se evaporan al menor gesto del fotógrafo. No hay dudas: ¡estos son tímidos de verdad! Han echado a perder algo bueno para mi información gráfica. No hablan español, adoran al Sol y constituyen uno de los pocos y ya menguados núcleos indígenas que aún existen en Colombia.

Me alejo un poco del tema, pero el recuerdo de la nueva cruza de Santa Coloma, alguno de cuyos productos, luego de haber tomado el castigo y abandonado la plaza, regresó a ella tumbando la puerta y arremetiendo furiosamente contra «el villano» — así diría un aficionado bogotano para referirse al picadorm —, me hace regresar.

El resultado de los machos fue excelente. El noventa por ciento burló el escrúpulo del ganadero y dejó en su libreta las palabras «bueno» y «superior».

Por ahora me limito a emplazar a ustedes para recibir la noticia, dentro de dos años, de las vueltas al ruedo que veremos en nuestras ferias.

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«Apocalipsis Ahora»: minería ilegal y conflictos pendientes

«Apocalipsis Ahora»: minería ilegal y conflictos pendientes

Germán Castro Caycedo dedicó sus últimos tres meses como escritor, a investigar la minería ilegal en Colombia. Un proceso del que salió decepcionado; no por encontrar limitaciones para avanzar en el que sería tal vez su último libro, sino por los hallazgos en la investigación. En resumen, lo que le dijo a su esposa y colega periodista, Gloria Moreno, fue que desistiría de dicho trabajo por una razón especial: un conflicto para él de otro tipo, más desde el plano espiritual, la sensación de decepción tras medio siglo de recorrer cada departamento de Colombia y encontrarse a sus ochenta años un saldo de deuda social desilusionador, un mundo que parecía no cambiar frente al llamado inclemente de una sociedad conflictiva y debilitada en sus bases: Castro Caycedo vio el nacimiento de nuevas mafias, nuevas formas de financiar la guerra y un Estado ausente, ocupado del impacto del mundo exterior mientras en sus cimientos una nueva guerra se avecinaba.

Cuenta Gloria que, ante la pregunta a Germán sobre las razones de su renuncia al que sería su último libro, él solo la miró y, con la ironía que caracterizaba su particular acidez, le dijo: “porque el título sería “Apocalipsis Ahora””.

«Cromos: Si tuviera que hacer un nuevo programa de Enviado Especial, ¿sobre qué lo haría?

Bueno, desde el punto de vista de denuncia, haría uno sobre el apocalipsis en el que estamos en este momento con la minería legal e ilegal de oro y coltán, la destrucción de la selva, del agua. Tengo ahorita unas 60 fotos aéreas con pequeños desiertos de 10 kms, en el cauce y en el nacimiento de los ríos. De eso el país no se ha dado cuenta».

La suma de los males

Las economías ilícitas en Colombia siempre han tenido características particulares: se dan en zonas donde el Estado ha estado ausente; por lo tanto, presentan bajos índices de desarrollo, cifras elevadas de pobreza y la presencia de grupos armados ilegales que crean un caldo de cultivo para la violencia desmedida.

Germán siempre lo decía: presencia del Estado. Esa era la necesidad más apremiante que rescataba cada vez que visitaba territorios históricos y complejos donde Colombia parecía ser otra, distante de los costumbrismos propios de las ciudades de la época, alejadas del clasismo y regidas por el instinto de supervivencia o la necesidad de hombres y mujeres de domar montañas y selvas para abrir paso a colonias humanas depredadoras.

Entre las cifras que encontró el escritor, hay datos actualizados que compartimos con quienes leen este contenido:

En el último informe de la UNODC, de junio de 2022, sobre la Explotación de Oro de Aluvión (EVOA), se evidencia que en el departamento del Chocó es donde más se concentra esta actividad con 38.980 hectáreas de explotación en fuentes hídricas, lo que representa el 40 % del total nacional; es también el territorio donde se concentra la mayor cantidad de hectáreas de explotación ilícita en Zonas Excluíbles de Minería.

El Chocó no está solo en el podio de las grandes cifras; en este también lo acompañan Antioquia y el sur de Bolívar. Entre estos tres territorios concentran el 88 % de la minería de oro en aluvión. En todo el país, el 65 % de las explotaciones son ilícitas y alimentan el conflicto armado y el surgimiento de nuevos grupos armados ilegales que sostienen la guerra a partir del aprovechamiento del oro ilegal; un ejemplo de estos es el temido Clan del Golfo, que justamente controla estos tres departamentos, el Caribe y otras regiones de Colombia como un paraestado con aplastante poder militar y un entramado de corrupción al mismo estilo de las antiguas autodefensas de los hermanos Castaño.

Para abril de 2022 la Policía Nacional había identificado 1.196 explotaciones ilegales y tenía un mapa preocupante de influencia de esta economía en el país, empezando al norte por el sur del departamento de Bolívar, y descendiendo dramáticamente por Antioquia, Chocó, Caldas, Valle, Cauca, Nariño, Caquetá, Putumayo, Amazonas, al occidente del país. En el costado oriental, se visten de rojo en cifras los departamentos de Vichada y Guainía.

En el primer grupo de departamentos, es donde hoy están concentrados los grupos armados ilegales más poderosos, capaces de desafiar al Estado y su fuerza, imponiendo sus reglas y azotando violentamente a comunidades enteras que deben someterse a sus mandatos. Al ver el mapa o con solo escuchar los nombres de estos lugares, encontramos una historia repetida de violencia, de reclamos sin escuchar y del narcotráfico que convive con esta tragedia; como si ahora fuera un placebo para que las autoridades sigan con la infructuosa guerra contra las drogas, mientras debajo de las cargas, indetectables, se mueven kilos de oro.

Metástasis

Así, mientras en 2021 la cifra de explotaciones clandestinas destruidas se acercaba las 4.000, solo en los primeros 4 meses de 2022 ya había mil nuevas áreas detectadas por las autoridades y el número era creciente. La minería ilegal es un mal que crece en la misma proporción que se reproducen la pobreza y el subdesarrollo.

Las comunidades están involucradas, pues encuentran esta economía como una opción de vida, un trabajo para garantizar la supervivencia de sus familias. Alquilan las maquinarias y compran indumentaria a los grupos armados y, cuando llega la Policía a destruir los campamentos, estos los reciben con violencia. Una historia muy parecida a la que sucedió en los territorios cocaleros a finales de los 90, cuando esta desafortunada confrontación terminó fortaleciendo a los grupos armados ilegales entre las comunidades que se distanciaron del Estado.

Desde Medellín y Cali se exporta el oro que se extrae de manera irregular hacia países como Estados Unidos, Turquía, India y Emiratos Árabes, entre otros jumping castle sale. El negocio crea millonarios, mafias poderosas y transnacionales, repúblicas independientes del crimen que dejan la impresión de que, a pesar de la ilusión de una paz que entusiasmó a buena parte del país en 2016, allá parece que no ha pasado nada. Siguen los mismos con nuevos nombres, o incluso con los mismos, ni siquiera con algún cambio de enfoque.

Esta economía no solo genera ingresos por la compra y venta del metal, también se sostiene de impuestos que cobran los grupos que mantienen alguna clase de orden en el territorio. Un barequero, o minero ilegal, debe pagar impuestos que oscilan entre los $50.000 y $100.000; el funcionamiento de una explotación minera informal e ilegal, debe pagar entre $100.000 y $1’000.000; y el ingreso de cada máquina amarilla debe hacer una contribución de entre $2’000.000 y $3’000.000.

La ilusión de la paz

El oro, que es uno de los mayores atractivos de la minería ilegal, se extrae usando elementos altamente tóxicos como el mercurio, que, una vez ingresa al ciclo ecológico a través de la explotación, afecta a las especies nativas y termina intoxicando a sus consumidores, que son los seres humanos. Cada gramo de este elemento contamina 500.000 litros de agua y se ha detectado en niveles alarmantes en personas que habitan las zonas de alta explotación minera en Chocó.

La violencia, las mafias, el daño ambiental y las consecuencias sobre la salud humana. Todo parece una historia que se repite, que paso de la coca, la amapola y la marihuana, a los metales. Falla la regulación, fallan las estrategias, falla el Estado que sigue sin hacer presencia y sufren los colombianos más pobres.

En un escenario de Paz Total, lo que Castro Caycedo se estaría preguntando seguramente sería: ¿Y dónde está el Estado? Pues mientras esta súplica no se resuelva, no es posible que la ilusión de paz se vea igual en las ciudades capitales que en el campo, justamente donde la balanza se desequilibra y cae.