Germán Castro Caycedo, cinco años después de su muerte: Revista Cambio

Germán Castro Caycedo, cinco años después de su muerte: Revista Cambio

Hace cinco años murió el periodista y escritor Germán Castro Caycedo, quien dejó un gran legado y muchas lecciones de cómo hacer buen periodismo. Para conmemorar este aniversario, Editorial Planeta comenzó a reeditar varias de sus obras. Su esposa, Gloria Moreno, donó un valioso archivo personal a la Biblioteca Nacional de Colombia.

Perdido en el Amazonas

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Perdido en el Amazonas, publicado en 1978, fue el primer reportaje de largo aliento de Castro Caycedo. Narra las aventuras de Julián Gil Torres, un exmarinero de la Armada que recorría los ríos de la Amazonía para intercambiar bienes con los habitantes de las riberas de los ríos. Un día decidió internarse en la selva para buscar un grupo indígena no contactado. El resultado fue que Gil, a quien acompañaban dos hombres, nunca apareció a pesar de que su hermano encabezó expediciones para dar con su paradero. En el prólogo de esta edición conmemorativa, Martín von Hildebrand (antropólogo que le ha dedicado gran parte de su vida a la Amazonía), escribe: “Su escritura tiene la fuerza de quien camina el terreno y conversa con quienes estuvieron allí. El libro no ofrece certezas absolutas. Ofrece preguntas. Y quizá esa sea su mayor honestidad. Porque en la Amazonía hay hechos que no se pueden cerrar con un acta notarial”.

Mi alma se la dejo al diablo

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Cuando Germán Castro Caycedo se enteró de la aparición del esqueleto de un hombre en la ribera del río Yarí, en Caquetá, se metió de lleno a investigarla. Tanto así que la tarea le llevó 10 años de intenso trabajo. En 1982 la publicó con el título Mi alma se la dejo al diablo, la frase que Benjamín Cubillos, protagonista del reportaje, y quien la escribió antes de morir en el campamento donde fue abandonado a su suerte por el aventurero Martin Morningstar. Dice Ricardo Silva en el prólogo de la edición conmemorativa: “Quizás sea común, en países monoteístas y nostálgicos de las monarquías, esto de tener un protagonista por cada disciplina, pero creo que va siendo hora de que podamos acudir a gente como Eduardo Caballero Calderón y Germán Castro Caycedo como acudimos a Gabriel García Márquez”.

La bruja

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El presidente de la República, un gobernador y un narcotraficante contrataron a Amanda Londoño para que los ayudara con sus artes de hechicería y sortilegios en asuntos concretos relacionados con el amor y el poder. En este libro publicado en 1994, Castro Caycedo reveló la vida desde que esa bruja aprendió sus artes cuando era una niña hasta cuando monseñor Alfonso Uribe Jaramillo la exorcizó para salvar su alma. En el relato muestra cómo, a finales de los años setenta y hasta mediados de los ochenta, estuvo al servicio de aquellos dos políticos y el mafioso, con el telón de fondo de una Colombia golpeada por el narcotráfico. Como dice Juan Carlos Flórez en el prólogo de la edición conmemorativa, “el gran mérito de Germán Castro Caycedo fue develar los múltiples contactos y mecanismos que unen la brujería con todas las clases de nuestra sociedad. Desde el pueblo de Fredonia, pasando por el despacho del gobernador de Antioquia y hasta el palacio presidencial en Bogotá, y cruzándose todo el tiempo con el ascenso de los narcotraficantes, representados por Jaime Builes Cardona, uno de los primeros grandes capos”.

La noche de las lanzas

La noche de las lanzas

Además, por fuera de la colección, acaba de ser publicado La noche de las lanzas, con prólogo de Francisco de Roux. Publicado originalmente en 1998 con el título Hágase su voluntad, Planeta España lo reeditó con este nuevo título. Cuenta la muerte de Alejandro Labaka y la hermana Inés Arango, dos religiosos capuchinos, él español y ella colombiana, que se acercaron a los huaos para entenderlos y defenderlos. “Los dos habían comprendido que en esta causa apostaban todo lo que eran como seres humanos y que a eso los llamaba el misterio que habían buscado en la inspiración de Jesús de Nazareth”, dice Francisco de Roux en el prólogo de esta edición.

Su dedicación y convicción les costó la vida a manos de los tagaeri, un grupo rebelde de los huaos. El obispo y la monja querían protegerlos de un inminente ataque armado de las petroleras. Germán Castro Caycedo reconstruyó sus vidas hasta su trágico final atravesados por lanzas. La historia aquí narrada cobra importancia ahora que los dos fueron nombrados venerables por el papa León XIV, el segundo paso en el camino hacia su santificación.

En los archivos

Gloria Moreno, periodista y viuda de Castro Caycedo —a quien conoció cuando los dos trabajaban en El Tiempo—, entregó a la Biblioteca Nacional de Colombia una colección de manuscritos y material audiovisual que hasta el momento habían sido parte de su colección privada. La donación ocurrió cuando se publicó la biografía periodística Mi padre, Germán Castro Caycedo, de Catalina Castro Blanchet, que ella escribió basándose en un archivo de documentos inéditos.

El año pasado, Gloria Moreno recibió una llamada de la Biblioteca Nacional, en la que le preguntaron si estaría interesada en conformar el Fondo Germán Castro Caycedo. ”Como poseedora, organizadora y cuidadora de este archivo por años, pude hacer entrega de acervos documentales tales como críticas sobre sus libros o programas de Enviado Especial, así como conferencias, correspondencia, originales escritos a máquina con sus tachones de sus tres primeros libros antes de pasarse al computador, ejemplares de fotos y de entrevistas y también todas sus crónicas de una década en El Tiempo, organizadas por fechas y empastadas”.

Ahora está en el proceso de entregarle todo el material audiovisual a la Biblioteca Luis Ángel Arango que está integrado por 30 programas de los más de mil que se lograron conservar durante sus 20 años de producción de Enviado Especial. “Es que a su retiro sólo pudo conservar este puñado en casetes de tres cuartos de pulgada, ya que RTI Televisión reutilizaba las cintas”, explica. Ella se encargó de digitalizar los programas, de organizar y denominar carpetas y ordenar cientos de fotografías de trabajo de campo. “Las tomó él mismo porque decidió viajar sin fotógrafo para hacer sus investigaciones a su ritmo”.

También estarán en la Biblioteca Luis Ángel Arango los únicos casetes que quiso conservar de sus tres entrevistas de más largo aliento: Jaime Arenas, exguerrillero del ELN; Gabriel García Márquez, a quien entrevistó a raíz de su primer reportaje concedido a televisión; y Jaime Bateman, entrevistado a raíz de que Germán fuera escogido por el jefe del M-19 para transmitirle un mensaje de paz al presidente Turbay. “A raíz de esta entrevista, el país supo quién era el comandante del M-19”, dice Gloria Moreno. Así mismo, el Instituto Colombiano de Antropología e Historia recibió unas piezas que los indígenas le habían regalado a Castro Caycedo.

Una vida muy especial

Germán Castro Caycedo nació en Zipaquirá en 1940. Fue uno de los grandes cronistas colombianos de la historia. Trabajó en El Tiempo durante diez años y fue el creador del programa de televisión Enviado Especial, que dirigió durante dos décadas. En 50 años de oficio escribió 26 libros de no ficción. Su obra ha sido publicada en Europa, Asia y América Latina. Ganó ocho premios internacionales de periodismo y 11 premios nacionales, entre ellos el Premio Rodolfo Walsh por El Karina, otorgado en 1999 a la mejor obra de no ficción publicada ese año en España.

En 2005 obtuvo el Premio Planeta de Periodismo por su libro Que la muerte espere y en 2015 el Premio Simón Bolívar de Periodismo a una vida y obra, que fue muy valorada por el rigor con que abordó los temas que siempre le preocuparon y ocuparon, y por su permanente empeño en que el país comprendiera. Sus crónicas recorrieron Colombia de punta a punta —La Guajira, el Caribe, el Chocó, el litoral Pacífico, la Amazonía— para contar lo que otros preferían no ver: el conflicto armado, el narcotráfico, la guerra, y también la vida cotidiana de quienes la habitan.

Gustavo, su hermano, también periodista, recuerda el interés de Germán por la reportería y la escritura. Según él, la comunicación fue una temprana inclinación, influenciada por su madre, a quien describe como una mujer muy culta. “Su mayor placer era leer. Sus temas preferidos: la historia universal y la mitología. Ella decía que leyendo mucho se aprendía a escribir. Y Germán, que tenía desde muy niño alma de reportero, sí que aprendió a hacerlo”.

Agrega que su espíritu aventurero casi que nació con él. “Desde niño le gustaban los retos, las aventuras, las excursiones… Era tal su espíritu de riesgo que hasta se le ocurrió torear y escribir sobre los toros”.

Siempre lo admiró como buen hermano y como gran periodista. “Sin intención de solidaridad familiar, no dudo en pensar que ha sido el mejor cronista que ha tenido Colombia”.

Gloria Moreno considera que un secreto de su éxito fue su facilidad para comunicarse con campesinos, indígenas, colaboradores, integrantes de su equipo de trabajo, hasta con aquellos que ostentaban el poder. “También tenía facilidad para integrarse a las diferentes culturas y respetar sus costumbres. A nuestra hija y a mí nos hacía señas para que aceptáramos todo lo que nos ofrecían. Desde guarapo a media mañana, hasta caldo de tortuga al desayuno”.

A los ojos de su hermano, Germán Castro Caycedo fue un crítico estricto no solo de la mala utilización y el abuso de las redes sociales, sino también del periodismo ligero, militante o a veces irresponsable que le ha hecho daño a la democracia.

Agrega Gustavo Castro Caycedo que un estudiante o una persona que lleve el periodismo en las venas “encuentra en sus crónicas, en sus libros y en los programas de televisión que se conservan, una cátedra magistral. Ese es su legado. “Germán fue mucho más que un buen periodista. Fue un maestro del periodismo a quien los comunicadores jóvenes admiran y los más experimentados respetan”.

Lo explica con un ejemplo que considera simple, pero contundente: “Libros suyos como Colombia amarga, que cumplió 50 años de haber sido publicado por primera vez, superan ya las 100 ediciones. Sus obras siguen tan vigentes como Germán, un periodista visionario con una alta responsabilidad social”.