{"id":7715,"date":"2026-09-13T19:29:25","date_gmt":"2026-09-14T00:29:25","guid":{"rendered":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/?p=7715"},"modified":"2026-09-13T20:24:19","modified_gmt":"2026-09-14T01:24:19","slug":"regreso-german-castro-caycedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/2026\/09\/13\/regreso-german-castro-caycedo\/","title":{"rendered":"El regreso de Germ\u00e1n Castro Caycedo"},"content":{"rendered":"\n<pre class=\"wp-block-preformatted\">El papa Le\u00f3n XIV reconoci\u00f3 como venerables \u2014un paso antes de la beatificaci\u00f3n\u2014 a Alejandro Labaka e In\u00e9s Arango, religiosos atravesados por noventa lanzas en las selvas amaz\u00f3nicas. Solo Castro Caycedo fue capaz de reconstruir esta historia. A prop\u00f3sito, su hija escribe para SoHo un art\u00edculo sobre la reedici\u00f3n de este libro, donde los ind\u00edgenas no son los salvajes.<\/pre>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Por Catalina Castro Blanchet para la revista Soho.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un helic\u00f3ptero sobrevuela el tapiz vegetal de la Amazonia ecuatoriana. Dos figuras descienden sujetas a una cuerda de acero. Monse\u00f1or Alejandro Labaka, obispo vasco, baja primero y se despoja de su ropa. Luego desciende la madre In\u00e9s Arango, misionera antioque\u00f1a, quien retira el pa\u00f1o que le cubre la cabeza y se descalza. Saben que al entrar en territorio tagaeri quiz\u00e1 no regresen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es 21 de julio de 1987.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abAl amanecer, monse\u00f1or yac\u00eda desnudo sobre el tronco de un \u00e1rbol derribado, con ochenta y cuatro lanzas rojas taladr\u00e1ndole el cuerpo. Lanzas de tres metros con cincuenta cent\u00edmetros de largo y tan gruesas como tres dedos pulgares. Ella se hallaba sentada en la entrada a la casa de los indios con veinti\u00fan agujeros entre la carne, los hombros desencajados, los ojos en direcci\u00f3n del cad\u00e1ver del obispo, la boca entreabierta. H\u00e1gase, se\u00f1or, tu voluntad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con esta escena cinematogr\u00e1fica, caracter\u00edstica de su escritura, Germ\u00e1n Castro Caycedo abre y cierra&nbsp;<em>La noche de las lanzas<\/em>. Nos detiene ante los cuerpos y plantea la pregunta que atraviesa toda la investigaci\u00f3n: \u00bfqu\u00e9 hab\u00eda ocurrido antes para que esas lanzas fueran levantadas? La muerte de Alejandro Labaka e In\u00e9s Arango no comenz\u00f3 el d\u00eda en que descendieron de aquel p\u00e1jaro de hierro. La noche de las lanzas hab\u00eda empezado mucho antes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El libro fue publicado por primera vez en Colombia en 1998 como&nbsp;<em>H\u00e1gase tu voluntad<\/em>. Un a\u00f1o m\u00e1s tarde apareci\u00f3 en Espa\u00f1a como&nbsp;<em>La noche de las lanzas<\/em>, t\u00edtulo con el que ahora regresa al pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La nueva edici\u00f3n cumple un deseo de mi padre, quien hasta el final de su vida consider\u00f3 que&nbsp;<em>La noche de las lanzas<\/em>&nbsp;era un t\u00edtulo m\u00e1s justo.&nbsp;<em>H\u00e1gase tu voluntad&nbsp;<\/em>remit\u00eda a la fe y al sacrificio de los dos religiosos capuchinos y situaba la historia principalmente de su lado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>La noche de las lanzas<\/em>, en cambio, incluye a los tagaeri y la historia de persecuciones que llevan a cuestas. La muerte de los misioneros es el punto de colisi\u00f3n entre dos mundos separados por siglos de invasiones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alejandro Labaka e In\u00e9s Arango aparecen como \u00abdos can\u00edbales\u00bb. As\u00ed llaman los huaorani a los blancos que entran en su territorio, matan a los suyos o se los llevan r\u00edo abajo. La gente no regresa. Se la comen, piensan ellos. Germ\u00e1n invierte as\u00ed nuestra mirada: \u00bfqui\u00e9nes son los \u00absalvajes\u00bb, qui\u00e9nes los \u00abcivilizados\u00bb y qui\u00e9nes los \u00abcan\u00edbales\u00bb?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces retrocede cinco siglos para reconstruir el camino que condujo a la tragedia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Comienza con la conquista y la esclavizaci\u00f3n de los pueblos amaz\u00f3nicos. Atraviesa las misiones cat\u00f3licas y las organizaciones evang\u00e9licas estadounidenses \u2014como el Instituto Ling\u00fc\u00edstico de Verano\u2014, pasa por la explotaci\u00f3n del caucho y desemboca en la llegada de las compa\u00f1\u00edas petroleras. Los actores y los intereses cambian, pero el mecanismo de invasi\u00f3n y despojo permanece.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El libro muestra con especial crudeza lo que padecieron los quichuas y los z\u00e1paros durante la fiebre del caucho: la Casa Arana, las correr\u00edas para capturarlos, los cepos, las marcas con hierro candente, las mutilaciones y los asesinatos. Los caucheros aplicaron una vieja m\u00e1xima que mi padre repet\u00eda con frecuencia: \u00abDivide y vencer\u00e1s\u00bb. Explotaron las rivalidades entre los grupos, obligaron a ind\u00edgenas esclavizados a perseguir a otros pueblos y as\u00ed provocaron nuevos desplazamientos. A ello se sumaba el endeude. A cambio de ropa, herramientas o alimentos valorados a precios arbitrarios, los ind\u00edgenas quedaban atados a una deuda imposible de pagar, incluso despu\u00e9s de d\u00e9cadas de trabajo forzado. Cuando mor\u00edan, la deuda pasaba a sus hijos y a los hijos de sus hijos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En 1987, la amenaza era el petr\u00f3leo. Las compa\u00f1\u00edas necesitaban explorar el territorio tagaeri y pidieron a Labaka que estableciera contacto con ellos. \u00c9l acept\u00f3 para protegerlos con la esperanza de que se respetara su territorio. Seg\u00fan la investigaci\u00f3n, las petroleras le ocultaron informaci\u00f3n sobre los enfrentamientos previos con los ind\u00edgenas. Su muerte y la de In\u00e9s fueron el desenlace de una historia en la que participaron conquistadores, misioneros, colonos, caucheros, el Estado, el Ej\u00e9rcito y, finalmente, las petroleras. Al obispo tambi\u00e9n lo traicionaron. A\u00f1os despu\u00e9s apareci\u00f3 una nueva versi\u00f3n de aquellas \u00faltimas horas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En 1993, unos huaorani del Tig\u00fcino raptaron a la joven tagaeri Omatuki. La retuvieron durante diez d\u00edas y su testimonio sobre lo ocurrido fue publicado despu\u00e9s por el sacerdote capuchino Roque Gr\u00e1ndez. Seg\u00fan ese relato, cuando el helic\u00f3ptero dej\u00f3 a Alejandro e In\u00e9s, los hombres estaban de cacer\u00eda. Al regresar, vieron en Labaka al enemigo blanco, pues los petroleros hab\u00edan matado a su jefe. Lo atacaron primero. Las mujeres intentaron proteger a In\u00e9s y le dijeron que huyera y se escondiera en la selva. Pero ella no se fue. No quiso alejarse de Alejandro y la mataron a la entrada de la casa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Detr\u00e1s de aquel desenlace hab\u00eda una larga historia de incursiones. Los huaorani se negaron a ser \u00abcivilizados\u00bb y se replegaron selva adentro para preservar su libertad. Los tagaeri, uno de sus grupos, eligieron el aislamiento. Hab\u00edan aprendido que el contacto con los blancos no significaba progreso, sino desaparici\u00f3n. El \u00faltimo cap\u00edtulo, \u00abOtra gente\u00bb, condensa esa idea. No son seres primitivos, solo \u00abotra gente\u00bb, con otra cultura y otra manera de habitar la selva.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"710\" src=\"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Soho_noche_lanzas_catalina_castro_2-1024x710.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7717\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Soho_noche_lanzas_catalina_castro_2-1024x710.jpg 1024w, https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Soho_noche_lanzas_catalina_castro_2-300x208.jpg 300w, https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Soho_noche_lanzas_catalina_castro_2-768x533.jpg 768w, https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Soho_noche_lanzas_catalina_castro_2.jpg 1280w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">El libro muestra con especial crudeza lo que padecieron los quichuas y los z\u00e1paros durante la fiebre del caucho: la Casa Arana, las correr\u00edas para capturarlos, los cepos, las marcas con hierro candente, las mutilaciones y los asesinatos.&nbsp;| Foto:&nbsp;Cortes\u00eda: Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su aislamiento contrario al atraso, era su manera de sobrevivir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi padre vio en Alejandro Labaka e In\u00e9s Arango la capacidad de cuestionar la instituci\u00f3n a la que pertenec\u00edan y transformar el sentido de su misi\u00f3n. Ambos compartieron temporadas en las malocas de los huaorani para comprender su cultura. Labaka aprendi\u00f3 su lengua, no celebr\u00f3 una sola misa ni bautiz\u00f3 a nadie y su v\u00ednculo con ellos lleg\u00f3 hasta el parentesco. Inihua y Pahua lo acogieron como hijo y los dem\u00e1s miembros de la familia, como hermano. Para romper las barreras entre \u00e9l y los ind\u00edgenas, Labaka \u00abacept\u00f3 su desnudez, con toda la violencia que significa renunciar al vestido despu\u00e9s de miles de a\u00f1os bajo el peso cultural que plantea el cubrirse\u00bb. En uno de sus diarios, fue a\u00fan m\u00e1s lejos: \u00abEl misionero no tiene que esperar a que le desnuden, sino que har\u00e1 mejor en adelantarse a hacerlo para dar muestras de aprecio y estima por la cultura del pueblo huao: primer signo de amor hacia ellos y su realidad concreta que choca con nuestras costumbres\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">In\u00e9s, por su parte, se adapt\u00f3 a la dureza de la selva, se empe\u00f1\u00f3 en hacer parte de la vida cotidiana de los huaorani y los am\u00f3 profundamente. Las religiosas que convivieron con ella la recordaban siempre sonriente y contaban que, gracias a su figura menuda, fr\u00e1gil solo en apariencia, soportaba los largos trayectos por el r\u00edo manteniendo el equilibrio sobre los bordes de la canoa. En la casa era escrupulosa con el orden y la limpieza, pero \u00abllegaba una ind\u00edgena y ella se transformaba\u00bb. Trabajaba con las mujeres en la huerta, ense\u00f1aba a los ni\u00f1os y preparaba con ellas la comida. En una carta a la madre superiora pidi\u00f3 autorizaci\u00f3n para permanecer m\u00e1s tiempo entre los huaorani: \u00abTengo 50 a\u00f1os pr\u00f3ximos a cumplir y no quiero desperdiciar ni un d\u00eda de mi vida [\u2026] Nada me har\u00e1 desistir de mi deseo de trabajar por este pueblo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A ambos la manigua les hab\u00eda ense\u00f1ado que su misi\u00f3n ya no consist\u00eda en convertir infieles ni en \u00absalvar almas\u00bb. Primero hab\u00eda que salvar vidas, defender el derecho a existir. Despu\u00e9s vendr\u00eda, lentamente, aquello de la espiritualidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi padre ten\u00eda una relaci\u00f3n muy propia con la religiosidad. \u00abYo no creo en la Iglesia, creo en la filosof\u00eda de Cristo\u00bb, me repet\u00eda. Desconfiaba de los sermones alejados del hambre, la violencia y la injusticia social. Su espiritualidad era \u00edntima y ligada a lo concreto. Su posici\u00f3n frente a la Iglesia no le impidi\u00f3 admirar a los dos misioneros y tambi\u00e9n al padre Francisco de Roux, autor del pr\u00f3logo de esta edici\u00f3n, quien escribe que mi padre hall\u00f3 en el obispo y la monja el misterio que \u00abnunca encontr\u00f3 en los rituales religiosos\u00bb: una fe puesta al servicio de la gente. Pocos d\u00edas antes de la muerte de mi padre, \u00e9l vino a casa a acompa\u00f1arlo a \u00ababandonarse en el misterio del silencio\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para este libro, Germ\u00e1n regres\u00f3 a la selva con nuevas preguntas. Era un territorio que lo apasionaba y que ya hab\u00eda marcado obras anteriores como&nbsp;<em>Perdido en el Amazonas&nbsp;<\/em>y&nbsp;<em>Mi alma se la dejo al diablo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"746\" src=\"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Soho_noche_lanzas_catalina_castro_3-1024x746.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7718\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Soho_noche_lanzas_catalina_castro_3-1024x746.jpg 1024w, https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Soho_noche_lanzas_catalina_castro_3-300x219.jpg 300w, https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Soho_noche_lanzas_catalina_castro_3-768x560.jpg 768w, https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Soho_noche_lanzas_catalina_castro_3.jpg 1280w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Mi padre vio en Alejandro Labaka e In\u00e9s Arango la capacidad de cuestionar la instituci\u00f3n a la que pertenec\u00edan y transformar el sentido de su misi\u00f3n.&nbsp;| Foto:&nbsp;Cortes\u00eda: Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La investigaci\u00f3n comenz\u00f3 en Madrid, en pleno verano, entre el polvo de un archivo y papeles viejos al contraluz de una ventana. Dos semanas m\u00e1s tarde lleg\u00f3 a Quito y, desde la c\u00faspide de los Andes \u2014donde el aire \u00abten\u00eda el temple de la primavera\u00bb\u2014, descendi\u00f3 en autob\u00fas por los pliegues de las monta\u00f1as. Como sucede en nuestro tr\u00f3pico, el calor fue aumentando a medida que perd\u00eda altura\u2026 Dos mil seiscientos metros m\u00e1s abajo, tras diez horas de camino, volvi\u00f3 a penetrarlo el vaho de aquella floresta indomable, tantas veces recorrida. Entraba en Coca, un poblado de ind\u00edgenas y petroleros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo estoy viendo con su gorra de campa\u00f1a calada y una sahariana de manga corta, pantalones de faena verde oliva y botines de cordones con las suelas mordidas por el barro. En la selva, en cuanto te calzas, la humedad te empapa las medias como si llevaras d\u00edas caminando por un pantano. Con todo y eso Germ\u00e1n dorm\u00eda. A \u00e9l, ni un insomnio. Ni una nigua. En la selva, no se sent\u00eda extranjero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A su lado imagino el malet\u00edn azul con la c\u00e1mara, las grabadoras y las libretas amarillas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me hab\u00eda compartido su emoci\u00f3n cuando, en 1966, a los veintis\u00e9is a\u00f1os, lleg\u00f3 por primera vez a Leticia en un DC-4 y, tras penetrar unos metros aquella muralla de verdes, sinti\u00f3 que la reja de Villa Elvira, la selva imaginada durante su infancia, se abr\u00eda por fin de par en par. Tres d\u00e9cadas despu\u00e9s, el embrujo permanec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En las p\u00e1ginas de&nbsp;<em>La noche de las lanzas<\/em>, la selva concentra al amanecer \u00abperfumes verdes, espumosos, c\u00e1lidos, frescos, carrasposos\u00bb y, escribe Germ\u00e1n, \u00abdefinitivamente, es lujuria\u00bb. Esa sensualidad aparece en la mariposa que fecunda la pasionaria, comparte su veneno y termina impregnada del olor de la flor. \u00abNo hab\u00eda finalizado la florescencia de la pasionaria [\u2026] cuando aparecieron los petroleros\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Detr\u00e1s de esa exuberancia continuaban la explotaci\u00f3n de los recursos y el desprecio por quienes habitan nuestras selvas. Los nombres hab\u00edan cambiado, pero el despojo permanec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde Coca naveg\u00f3 otras dos horas por ese \u00abmonstruo\u00bb llamado r\u00edo Napo, o Doroboro, hasta la isla de Pompeya. Sobre el terrapl\u00e9n que dejaban las aguas al bajar se levantaba la casa de Miguel \u00c1ngel Cabodevilla. Sin medir el tiempo, que en la floresta es eterno, noche tras noche escuch\u00f3 al sacerdote contarle la historia. Era un m\u00e9todo muy suyo. Se instalaba en el territorio y confrontaba versiones. Cabodevilla hablaba. Germ\u00e1n escuchaba. Yo conoc\u00eda el reverso de esa escena, pues durante mi infancia era mi padre quien llevaba esas voces hasta mi cama y calmaba mis miedos con las historias recogidas en sus viajes.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"715\" src=\"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Soho_noche_lanzas_catalina_castro_4-1024x715.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7719\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Soho_noche_lanzas_catalina_castro_4-1024x715.jpg 1024w, https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Soho_noche_lanzas_catalina_castro_4-300x210.jpg 300w, https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Soho_noche_lanzas_catalina_castro_4-768x536.jpg 768w, https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Soho_noche_lanzas_catalina_castro_4.jpg 1280w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Aunque La noche de las lanzas relata una tragedia ocurrida en 1987, plantea interrogantes que siguen abiertos: \u00bfqu\u00e9 significa civilizar?, \u00bfqu\u00e9 responsabilidad tienen las empresas y los Estados cuando el llamado progreso amenaza la supervivencia de un pueblo?&nbsp;| Foto:&nbsp;Cortes\u00eda: Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En su \u00faltima noche en Pompeya, bajo el sopor de la selva, Cabodevilla volvi\u00f3 a desarmar los episodios y a ordenarlos frente a \u00e9l. Entonces cant\u00f3 el paujil. Quiz\u00e1 Germ\u00e1n record\u00f3 otra manera de medir las horas que hab\u00eda recogido en&nbsp;<em>Mi alma se la dejo al diablo<\/em>. A la una, el tente repet\u00eda \u00abtu, tu, tu, tu\u2026\u00bb. Le suced\u00edan el paujil, la gallineta y el puro. A las cinco chirriaba la pava cuyuya y comenzaban todos en coro al clarear el d\u00eda, que en la manigua son rayos t\u00edmidos que se esfuerzan por filtrarse entre las copas de los \u00e1rboles. Con aquella sinfon\u00eda, volvieron a su cabeza la madre In\u00e9s y monse\u00f1or Labaka suspendidos de la cuerda de acero. \u00c9l era aquel \u00abcuerpo de hombre desnudo que retorna a la primera luz de los tiempos\u00bb. Abajo estaban \u00ablos ind\u00edgenas protegidos por la selva\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El libro re\u00fane los testimonios de Cabodevilla, los diarios de Alejandro Labaka, las voces de otros misioneros y las versiones huaorani y tagaeri. Germ\u00e1n sum\u00f3 documentos institucionales, investigaciones hist\u00f3ricas y consultas con especialistas. No ocult\u00f3 las contradicciones entre las fuentes ni cerr\u00f3 a la fuerza las preguntas que permanecieron abiertas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La investigaci\u00f3n no termin\u00f3 en Pompeya.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En mayo de 2022 \u2014un a\u00f1o despu\u00e9s del viaje final de mi padre\u2014, visit\u00e9 a Rafael Escuredo en su casa de Aravaca, a las afueras de Madrid. Due\u00f1o de un humor andaluz incomparable, record\u00f3 una traves\u00eda compartida veinticinco a\u00f1os atr\u00e1s. En 1997 acompa\u00f1\u00f3 a Germ\u00e1n hasta Beizama, el pueblo vasco donde naci\u00f3 Alejandro Labaka.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La tarde ca\u00eda cuando entraron en el peque\u00f1o caser\u00edo ganadero donde nadie hablaba castellano. Un vecino traduc\u00eda mientras mi padre les arrancaba a los familiares fragmentos de la vida del misionero antes de su llegada a la selva. Desandaron el camino y volvieron a la imagen de Labaka e In\u00e9s en territorio tagaeri. \u00abCayeron de la misma manera que nosotros en este pueblo\u00bb, record\u00f3 Rafael. \u00abImag\u00ednate lo acojonados que debieron sentirse los ind\u00edgenas al ver a dos blancos salir de un p\u00e1jaro de hierro que hac\u00eda un ruido brutal, despu\u00e9s de tantos a\u00f1os de persecuci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque&nbsp;<em>La noche de las lanzas<\/em>&nbsp;relata una tragedia ocurrida en 1987, plantea interrogantes que siguen abiertos: \u00bfqu\u00e9 significa civilizar?, \u00bfqu\u00e9 responsabilidad tienen las empresas y los Estados cuando el llamado progreso amenaza la supervivencia de un pueblo?, \u00bfbasta con poseer la tecnolog\u00eda para atribuirse el derecho a entrar en un territorio ajeno?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Treinta y ocho a\u00f1os despu\u00e9s, el 22 de mayo de 2025, el papa Le\u00f3n XIV autoriz\u00f3 el decreto que reconoci\u00f3 la ofrenda de la vida de Alejandro Labaka e In\u00e9s Arango. Ambos pasaron as\u00ed a ser venerables, un paso m\u00e1s hacia la beatificaci\u00f3n. Esta categor\u00eda, distinta del martirio en sentido estricto, reconoce que aceptaron libremente el riesgo de morir para proteger a los tagaeri. In\u00e9s hab\u00eda dejado constancia de esa decisi\u00f3n la v\u00edspera del viaje: \u00abSi muero me voy feliz y ojal\u00e1 nadie sepa nada de m\u00ed. No busco nombre ni fama, Dios lo sabe, siempre con todos, In\u00e9s\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al cerrar&nbsp;<em>La noche de las lanzas<\/em>, regresamos a los cuerpos de Alejandro Labaka e In\u00e9s Arango atravesados por las lanzas. La pregunta planteada en las primeras l\u00edneas sigue all\u00ed suspendida: \u00bfqu\u00e9 hab\u00eda ocurrido antes para que esas lanzas fueran levantadas?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi padre deja la respuesta en nuestras manos, pero ya nos ha obligado a mirar desde el otro lado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/mi-padre-german-castro-caycedo-catalina-castro\/\">Lea tambi\u00e9n el especial sobre el libro &#8216;Mi padre, Germ\u00e1n Castro Caycedo&#8217;, escrito por la autora.<\/a><a href=\"https:\/\/www.soho.co\/relatos\/articulo\/nubia-carolina-cordoba-y-los-agostos-del-destino\/202640\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Texto de Catalina Castro Blanchet sobre &#8216;La Noche de las Lanzas&#8217;, edici\u00f3n de &#8216;H\u00e1gase tu voluntad&#8217; con el nombre que se public\u00f3 en Espa\u00f1a.<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":7720,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[68],"tags":[165,63,291,300],"class_list":["post-7715","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-actualidad","tag-catalina-castro-blanchet","tag-german-castro-caycedo","tag-la-noche-de-las-lanzas","tag-revista-soho"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7715","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7715"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7715\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7736,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7715\/revisions\/7736"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7720"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7715"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7715"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7715"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}