{"id":7674,"date":"2026-08-31T18:52:12","date_gmt":"2026-08-31T23:52:12","guid":{"rendered":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/?p=7674"},"modified":"2026-08-31T18:52:12","modified_gmt":"2026-08-31T23:52:12","slug":"german-castro-caycedo-el-cacique-blanco-que-se-enmaniguo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/2026\/08\/31\/german-castro-caycedo-el-cacique-blanco-que-se-enmaniguo\/","title":{"rendered":"Germ\u00e1n Castro Caycedo, el cacique blanco que se enmanigu\u00f3"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A cinco a\u00f1os de la muerte del periodista Germ\u00e1n Castro Caycedo, su hija, Catalina Castro Blanchet, recuerda los viajes que hizo con su padre por la Amazon\u00eda y habla de la nueva edici\u00f3n de La noche de las lanzas, una obra que cuestiona nuestras ideas sobre la civilizaci\u00f3n, la fe, el progreso y el derecho de los pueblos ind\u00edgenas a permanecer aislados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alfonso Buitrago Londo\u00f1o \/ <a href=\"https:\/\/www.elcolombiano.com\/cronologia\/noticias\/meta\/alfonso-buitrago-londono\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><\/a>19 de agosto de 2026.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cNo s\u00e9 si \u00e9l persigui\u00f3 la selva o la selva lo persigui\u00f3 a \u00e9l, pero mi padre se enmanigu\u00f3\u201d, dice Catalina Castro desde su casa en Par\u00eds. En su libro&nbsp;<em>Mi padre, Germ\u00e1n Castro Caycedo<\/em>&nbsp;(Planeta, 2024) recuerda su primer viaje con \u00e9l al Amazonas en 1985, cuando ella ten\u00eda ocho a\u00f1os. Acababa de regresar de un viaje a Disney convencida de haber conocido una selva y visto ind\u00edgenas. Germ\u00e1n la recibi\u00f3 en el aeropuerto y celebr\u00f3 la experiencia, pero enseguida le propuso llevarla al Amazonas para que conociera \u201cuna vegetaci\u00f3n de selva de verdad, con ind\u00edgenas de verdad\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Catalina recuerda el amanecer sobre el r\u00edo, la orquesta de p\u00e1jaros, los sonidos cuyo origen no pod\u00eda identificar y el temor de una ni\u00f1a que imaginaba ara\u00f1as, serpientes y escenas de pel\u00edculas. Germ\u00e1n avanzaba como si aquel territorio fuera tambi\u00e9n su casa. La tomaba de la mano y le ped\u00eda que diera un paso despu\u00e9s del otro, sin indicarle qu\u00e9 deb\u00eda pensar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La selva hab\u00eda aparecido desde muy temprano en la vida y en la obra del autor de&nbsp;<em>Colombia amarga<\/em>. Fue escenario de&nbsp;<em>Perdido en el Amazonas&nbsp;<\/em>(1976) y&nbsp;<em>Mi alma se la dejo al diablo&nbsp;<\/em>(1982), y regres\u00f3 en los a\u00f1os noventa del siglo pasado para encontrarla convertida en un territorio de memoria, resistencia y confrontaci\u00f3n, que condens\u00f3 magistralmente en&nbsp;<em>H\u00e1gase tu voluntad<\/em>, publicada originalmente en Colombia por Planeta en 1998. El libro vuelve ahora a las librer\u00edas con el t\u00edtulo que Castro Caycedo eligi\u00f3 para su edici\u00f3n espa\u00f1ola de 1999:&nbsp;<em>La noche de las lanzas<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La obra reconstruye la muerte del obispo capuchino espa\u00f1ol Alejandro Labaka y de la religiosa antioque\u00f1a In\u00e9s Arango, ocurrida en julio de 1987, cuando intentaron entrar en contacto con los tagaeri, un pueblo de la Amazon\u00eda ecuatoriana que resist\u00eda la invasi\u00f3n de su territorio. Pero el relato no se limita a explicar la muerte de dos misioneros. Retrocede por siglos de conquista, evangelizaci\u00f3n, explotaci\u00f3n cauchera y expansi\u00f3n petrolera para preguntar qu\u00e9 tuvo que ocurrir antes de que sus cuerpos terminaran atravesados por las lanzas. En 2025, el papa Le\u00f3n XIV declar\u00f3 venerables a los dos religiosos, un paso previo a su proceso de beatificaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En esta conversaci\u00f3n, Catalina Castro recuerda al padre y vuelve sobre el m\u00e9todo, la mirada y la vigencia del periodista que le ense\u00f1\u00f3 a acercarse al pa\u00eds sin pretender situarse por encima de los otros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Han pasado cinco a\u00f1os desde la muerte de Germ\u00e1n Castro Caycedo. \u00bfC\u00f3mo lo recuerda hoy?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cLos recuerdos que conservo son los de una hija que tuvo una gran complicidad con su padre y muchos niveles de comunicaci\u00f3n. Escribir el libro&nbsp;<em>Mi pap\u00e1, Germ\u00e1n Castro Caycedo<\/em>, me permiti\u00f3 prolongar su vida. Lo recuerdo como ser humano, pero despu\u00e9s de haber escrito ese libro tambi\u00e9n lo veo como periodista, una realidad con la que conviv\u00ed durante muchos a\u00f1os sin ser plenamente consciente de ella. Cada vez que regreso a su obra lo admiro m\u00e1s: por su visi\u00f3n, por su firmeza y por su independencia\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>En su libro aparece una fotograf\u00eda de aquel primer viaje que hizo con \u00e9l al Amazonas. Usted ten\u00eda ocho a\u00f1os y estaba pintada como una ind\u00edgena. \u00bfC\u00f3mo fue esa experiencia?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEl contacto con la selva es muy impresionante, sobre todo cuando uno es peque\u00f1o y llega a ese universo inmenso donde el cielo son las copas de los \u00e1rboles. Mi pap\u00e1 siempre quiso que yo entrara en contacto profundo con el pa\u00eds, con su naturaleza y sus culturas. Algunos de los viajes que hicimos estaban relacionados con su trabajo y otros eran viajes familiares, pero su prop\u00f3sito era empaparme de pa\u00eds. Tambi\u00e9n quer\u00eda inculcarme esa capacidad que \u00e9l ten\u00eda de llegar a un lugar despojado de sus propias creencias, con la mente abierta y sin emitir juicios de valor para absorber lo que el ambiente y las personas pod\u00edan transmitirle.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mis abuelos maternos sol\u00edan enviarnos a m\u00ed a mis primos durante las vacaciones a campamentos en Estados Unidos para que aprendi\u00e9ramos ingl\u00e9s. Despu\u00e9s de mi primer viaje a Disney, mi pap\u00e1 me recogi\u00f3 en el aeropuerto y me dijo: \u201cMe parece maravilloso que hayas visto ind\u00edgenas de madera. Ahora quiero llevarte a la selva para que conozcas vegetaci\u00f3n de verdad e ind\u00edgenas de verdad\u201d. Nos fuimos los dos solos. Vimos amanecer sobre el r\u00edo Amazonas y escuchamos en silencio esa orquesta de p\u00e1jaros que despierta en la selva. Es uno de los espect\u00e1culos naturales m\u00e1s bellos, pero tambi\u00e9n daba mucho miedo. Escuchaba sonidos que no sab\u00eda de d\u00f3nde proven\u00edan y, con la imaginaci\u00f3n de una ni\u00f1a, pensaba en ara\u00f1as, serpientes y pel\u00edculas de terror.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00c9l me llevaba de la mano sin decirme qu\u00e9 deb\u00eda pensar. Solo me dec\u00eda: \u2018Un paso despu\u00e9s del otro\u2019. En alg\u00fan momento me pic\u00f3 algo y uno de los ind\u00edgenas que nos acompa\u00f1aba me aplic\u00f3 una sustancia de la selva. Mi rostro volvi\u00f3 a la normalidad. La selva hab\u00eda picado y tambi\u00e9n hab\u00eda sanado. Ese viaje es uno de los recuerdos m\u00e1s bellos y, al mismo tiempo, m\u00e1s aterradores de mi vida. A\u00f1os despu\u00e9s, cuando me cas\u00e9, entr\u00e9 a la iglesia del brazo de mi padre y llevaba un ramo de achiote. De manera consciente o inconsciente, estaba uniendo aquel primer camino por la selva con el camino hacia el matrimonio. Dos recorridos llenos de expectativas, ilusiones y alegr\u00eda, pero tambi\u00e9n de incertidumbre y miedo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>En un pasaje de su libro usted lo describe como \u201cel cacique que transmite las historias a sus hijos para que ellos, a su vez, las perpet\u00faen\u201d. \u00bfC\u00f3mo construy\u00f3 \u00e9l esa relaci\u00f3n \u00edntima con la selva?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cNo s\u00e9 si mi pap\u00e1 persigui\u00f3 a la selva o si la selva lo persigui\u00f3 a \u00e9l, pero claramente se enmanigu\u00f3. Mientras investigaba para escribir su biograf\u00eda encontr\u00e9 que, cuando ten\u00eda siete a\u00f1os, hab\u00eda hecho una especie de c\u00f3mic llamado&nbsp;<em>Ciencias<\/em>. Su amor por la naturaleza estaba muy arraigado desde ni\u00f1o. \u00c9l naci\u00f3 en Zipaquir\u00e1 y recordaba que, durante los paseos con su madre, se deten\u00eda frente a una finca llamada Villa Elvira. Apoyaba las mejillas contra una gran reja y contemplaba un camino rodeado de \u00e1rboles al que no pod\u00eda entrar. A\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando trabajaba en&nbsp;<em>La Rep\u00fablica<\/em>, hizo su primer viaje al Amazonas. Contaba que dej\u00f3 las maletas tiradas y corri\u00f3 hacia la orilla del r\u00edo, con la selva como tel\u00f3n de fondo. Desde ese momento qued\u00f3 embrujado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s vinieron sus historias para&nbsp;<em>El Tiempo<\/em>,&nbsp;<em>Perdido en el Amazonas<\/em>,&nbsp;<em>Mi alma se la dejo al diablo<\/em>&nbsp;y las primeras expediciones de su programa de televisi\u00f3n&nbsp;<em>Enviado especial<\/em>. En uno de esos viajes, lo que deb\u00eda durar dos semanas se convirti\u00f3 en cinco. El equipo estuvo perdido y pas\u00f3 diez d\u00edas casi sin comida. Quienes viajaron con \u00e9l sintieron siempre esa mezcla de deslumbramiento y miedo. A los camar\u00f3grafos les daban niguas, se enfermaban o sufr\u00edan picaduras. A \u00e9l nunca parec\u00eda pasarle nada. Dec\u00eda que se sent\u00eda ind\u00edgena. Mostraba sus brazos y afirmaba con orgullo: \u201cCon esta piel, yo soy mestizo. Tengo m\u00e1s de ind\u00edgena que de cualquier otra cosa\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n estaba el ritual de las historias que me contaba por las noches. Era un cacique que transmit\u00eda la memoria, pero permit\u00eda que sus hijos usaran su imaginaci\u00f3n e hicieran sus propias interpretaciones. Para m\u00ed era un juglar. Todav\u00eda escucho muchas de esas historias antes de dormir\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Entre Juli\u00e1n Gil, el protagonista de&nbsp;<\/strong><em><strong>Perdido en el Amazonas<\/strong><\/em><strong>; Benjam\u00edn Cubillos, de&nbsp;<\/strong><em><strong>Mi alma se la dejo al diablo<\/strong><\/em><strong>, y Alejandro Labaka e In\u00e9s Arango, de&nbsp;<\/strong><em><strong>La noche de las lanzas<\/strong><\/em><strong>, parece existir una trilog\u00eda narrativa. \u00bfQu\u00e9 representa este \u00faltimo libro dentro de su obra?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u201cLa noche de las lanzas<\/em>&nbsp;condensa las preocupaciones que atravesaron toda su obra: investigar desde el territorio, escuchar durante meses a quienes no tienen acceso a la palabra p\u00fablica, contrastar testimonios, cuestionar las versiones oficiales y revelar los intereses econ\u00f3micos que act\u00faan detr\u00e1s de los acontecimientos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi padre no pretend\u00eda hablar en nombre de los pueblos ind\u00edgenas ni apropiarse de su voz. Constru\u00eda el relato para que sus testimonios, su memoria y su manera de entender el territorio modificaran nuestra lectura de la historia. Era una manera de restituirles la dignidad a personas que suelen ser reducidas a categor\u00edas como \u201csalvajes\u201d, \u201ccriminales\u201d o \u201catrasados\u201d, sin esconder las contradicciones ni las preguntas que permanec\u00edan abiertas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este libro signific\u00f3 su regreso a un territorio que lo apasionaba y lo hab\u00eda marcado profundamente, pero no fue un regreso nost\u00e1lgico. Volvi\u00f3 con nuevas preguntas y encontr\u00f3 otras expresiones de una misma violencia. La selva aparece como un personaje vivo, un espacio de memoria y resistencia, pero tambi\u00e9n como un territorio codiciado por quienes quieren explotar sus recursos. Los actores pod\u00edan cambiar \u2014conquistadores, caucheros, colonos, misioneros o petroleros\u2014, pero persist\u00edan la invasi\u00f3n, el despojo y el desprecio por las culturas que habitaban all\u00ed\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u00bfQu\u00e9 historia cuenta realmente&nbsp;<\/strong><em><strong>La noche de las lanzas<\/strong><\/em><strong>?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEntramos al libro pensando que vamos a conocer la historia de dos religiosos asesinados por unos ind\u00edgenas, pero poco a poco entendemos que se trata de una historia mucho m\u00e1s compleja. Germ\u00e1n reconstruye siglos de violencia para responder una pregunta: \u00bfqu\u00e9 tuvo que suceder antes para que los cuerpos de Alejandro Labaka e In\u00e9s Arango terminaran atravesados por lanzas? Retrocede hasta las primeras invasiones y la esclavizaci\u00f3n de los pueblos amaz\u00f3nicos; pasa por las misiones religiosas, la explotaci\u00f3n del caucho y la b\u00fasqueda de oro, y finalmente llega a las compa\u00f1\u00edas petroleras.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cada nueva forma de progreso repite, con actores diferentes, un mismo mecanismo, la destrucci\u00f3n ambiental, la invasi\u00f3n territorial y el sometimiento de las comunidades. El libro muestra con particular crudeza lo que padecieron pueblos como los quichuas, los z\u00e1paros y los huaorani. Retoma los abusos de la Casa Arana, las mutilaciones, los asesinatos y la pr\u00e1ctica de marcar a los ind\u00edgenas como si fueran ganado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algunos clanes de los huaorani, como los tagaeri, se resistieron a ser reducidos, esclavizados o \u201ccivilizados\u201d. Con el petr\u00f3leo apareci\u00f3 un nuevo rostro de esa invasi\u00f3n. Las compa\u00f1\u00edas necesitaban continuar la exploraci\u00f3n y destruir la selva. Germ\u00e1n investig\u00f3 qui\u00e9nes hab\u00edan entrado en el territorio, qui\u00e9nes conoc\u00edan los hechos, qui\u00e9nes ocultaban informaci\u00f3n y qui\u00e9nes necesitaban acelerar el contacto. La muerte de los dos religiosos fue el desenlace de una larga lucha en la que intervinieron misioneros, colonos, conquistadores, caucheros, el Estado, el Ej\u00e9rcito y las compa\u00f1\u00edas petroleras. No hay un culpable \u00fanico y c\u00f3modo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Uno de los recursos m\u00e1s poderosos del libro es la inversi\u00f3n de las nociones de \u201ccivilizado\u201d, \u201csalvaje\u201d y \u201ccan\u00edbal\u201d.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cDesde las primeras p\u00e1ginas, Germ\u00e1n invierte el sentido de esas palabras. Para los huaorani, los can\u00edbales son los blancos, quienes se han llevado a integrantes de sus comunidades y nunca los han devuelto. Al presentar inicialmente a monse\u00f1or Labaka y a la madre In\u00e9s Arango como dos can\u00edbales, obliga al lector a abandonar su posici\u00f3n de superioridad y a preguntarse qui\u00e9nes son los verdaderos depredadores, si quienes empu\u00f1an las lanzas o quienes devoran los territorios, las culturas y los cuerpos. El \u00faltimo cap\u00edtulo se titula \u2018Otra gente\u2019, y esa expresi\u00f3n es fundamental en la visi\u00f3n de Germ\u00e1n. Los tagaeri no son seres primitivos ni representan una etapa anterior de la humanidad. Son otra gente, otra sociedad, otra cultura, otra memoria\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El libro contiene una dura cr\u00edtica a la evangelizaci\u00f3n. \u00bfTambi\u00e9n cuestiona la fe?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEs una cr\u00edtica a determinadas actuaciones de la Iglesia, pero no es una cr\u00edtica a la fe. Mi padre ten\u00eda una religiosidad muy propia. Dec\u00eda: \u2018Yo no creo en la Iglesia, creo en la filosof\u00eda de Cristo\u2019. Desconfiaba de los sermones alejados del hambre, la violencia y la injusticia social. Cre\u00eda m\u00e1s en las acciones de paz que en los discursos. Defend\u00eda la solidaridad, el respeto, la responsabilidad social y varios principios de la teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n. Su espiritualidad era \u00edntima y ligada a lo concreto. Sol\u00eda decirme: \u2018Todos los d\u00edas hablo con mi carpintero de Judea\u2019.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso pod\u00eda criticar duramente la evangelizaci\u00f3n forzada y, al mismo tiempo, admirar a personas como Alejandro Labaka, In\u00e9s Arango o Francisco de Roux, autor del pr\u00f3logo de esta edici\u00f3n. Para \u00e9l representaban una fe capaz de escuchar, convivir, proteger y actuar frente a la injusticia. El libro muestra que la evangelizaci\u00f3n forzada no se limit\u00f3 a imponer una religi\u00f3n. Desarticul\u00f3 un universo cultural, transform\u00f3 las viviendas y la organizaci\u00f3n familiar, separ\u00f3 a los ancianos de los ni\u00f1os, sustituy\u00f3 los nombres, conden\u00f3 la desnudez, introdujo la noci\u00f3n de pecado y modific\u00f3 la relaci\u00f3n con lo sagrado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una de las im\u00e1genes m\u00e1s poderosas es la de la maloka, la casa ind\u00edgena, entendida simult\u00e1neamente como vivienda, templo y universidad. Al alterar ese espacio se destruy\u00f3 tambi\u00e9n una forma de transmitir la memoria, el conocimiento y la relaci\u00f3n con el cosmos. En nombre de la civilizaci\u00f3n, se sustituy\u00f3 una cultura mientras se afirmaba que esos pueblos no ten\u00edan ninguna\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u00bfPor qu\u00e9 recuperar el t\u00edtulo&nbsp;<\/strong><em><strong>La noche de las lanzas<\/strong><\/em><strong>&nbsp;en lugar de&nbsp;<\/strong><em><strong>H\u00e1gase tu voluntad<\/strong><\/em><strong>?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEl libro fue publicado en Colombia en 1998 con el t\u00edtulo&nbsp;<em>H\u00e1gase tu voluntad<\/em>. Un a\u00f1o despu\u00e9s, mi padre decidi\u00f3 publicarlo en Espa\u00f1a como&nbsp;<em>La noche de las lanzas<\/em>. Siempre consider\u00f3 que este era un t\u00edtulo m\u00e1s justo y m\u00e1s literario.&nbsp;<em>H\u00e1gase tu voluntad<\/em>&nbsp;retoma las \u00faltimas palabras del relato y remite directamente a la fe, la entrega y el sacrificio de los religiosos. Sin embargo, sit\u00faa la historia principalmente del lado de los dos misioneros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>La noche de las lanzas<\/em>&nbsp;ampl\u00eda la mirada. Incluye a los misioneros, pero tambi\u00e9n a los huaorani, tagaeri, quichuas, z\u00e1paros, su territorio, su memoria, la violencia hist\u00f3rica que padecieron y las zonas de sombra que rodearon la tragedia. No es \u00fanicamente la historia de dos muertes, sino la de dos mundos que llegan a un punto de colisi\u00f3n. Germ\u00e1n comienza y cierra el libro con una imagen muy cinematogr\u00e1fica: los cuerpos atravesados por las lanzas. Pero esa escena no conduce necesariamente a condenar a quienes las levantaron. Lleva al lector a preguntarse qu\u00e9 ocurri\u00f3 antes para que fueran lanzadas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u00bfCu\u00e1l fue el m\u00e9todo period\u00edstico y literario de Germ\u00e1n Castro Caycedo para reconstruir esa historia?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cLa historia no est\u00e1 narrada linealmente. Germ\u00e1n recurr\u00eda mucho a la secuencia rota y fue construyendo un relato polif\u00f3nico a partir de los testimonios del padre Miguel \u00c1ngel Cabodevilla; de los diarios y las cr\u00f3nicas de Alejandro Labaka; de las voces de otros misioneros, y de las versiones de los huaorani y los tagaeri. A ese material agreg\u00f3 documentos institucionales e investigaciones sobre colonizaci\u00f3n, caucho y petr\u00f3leo. Para describir la selva consult\u00f3 especialistas en bot\u00e1nica y entomolog\u00eda, expertos en asuntos eclesi\u00e1sticos, antrop\u00f3logos y estudiosos de las culturas amaz\u00f3nicas. Y a todo eso a\u00f1adi\u00f3 su propia inmersi\u00f3n en el territorio. Confrontaba las fuentes, mostraba las contradicciones y conduc\u00eda al lector sin reemplazar su capacidad de interpretaci\u00f3n. Era el lector quien deb\u00eda sacar sus propias conclusiones\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Es dif\u00edcil imaginar que hoy se pueda escribir un libro con esas ambiciones&#8230;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cHoy puede parecer muy dif\u00edcil que un periodista se dedique durante a\u00f1os a un proyecto semejante, pero no creo que sea solo un asunto de voluntad. Cuando mi pap\u00e1 decidi\u00f3 ser cronista exist\u00edan medios que le daban tiempo y recursos para permanecer un mes en la selva y publicar una sola cr\u00f3nica. Ahora los medios exigen inmediatez y el periodista muchas veces queda condenado a escribir detr\u00e1s de un escritorio. Eso no significa que hayan desaparecido el rigor o la valent\u00eda. En Colombia hay periodistas regionales que siguen investigando a costa de su seguridad y, en ocasiones, de su vida. Tambi\u00e9n se enfrentan a una opini\u00f3n p\u00fablica que no siempre est\u00e1 dispuesta a escuchar verdades diferentes de aquellas en las que ya cree\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u00bfQu\u00e9 puede decirles este libro a las generaciones actuales?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEl derecho de los tagaeri a la libertad no aparece como una noci\u00f3n abstracta. Est\u00e1 ligado a permanecer en su territorio, conservar su cultura y decidir si quieren establecer contacto con el mundo exterior. La pregunta sigue abierta: \u00bftenemos derecho a entrar en el territorio de otro pueblo solo porque poseemos la tecnolog\u00eda para hacerlo? Los tagaeri no estaban esperando ser descubiertos ni evangelizados. Se manten\u00edan apartados porque su experiencia hist\u00f3rica les hab\u00eda demostrado que el contacto pod\u00eda significar enfermedad, esclavitud y muerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque relata una tragedia ocurrida en 1987, el libro plantea preguntas completamente actuales: \u00bfqu\u00e9 significa civilizar?, \u00bfd\u00f3nde termina la evangelizaci\u00f3n y comienza la destrucci\u00f3n cultural?, \u00bfqu\u00e9 responsabilidad tienen las empresas y los Estados cuando aquello que llaman progreso amenaza la supervivencia de un pueblo?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La lectura adquiere un sentido todav\u00eda m\u00e1s amplio en un presente marcado por guerras e invasiones justificadas por naciones que se consideran superiores o con derecho a decidir sobre otros pueblos, ocupar sus territorios, apropiarse de sus recursos y vulnerar su soberan\u00eda. El gran valor de&nbsp;<em>La noche de las lanzas<\/em>&nbsp;es que no salimos intactos de su lectura. Entramos pensando que conoceremos la historia de dos religiosos asesinados por unos ind\u00edgenas y terminamos interrog\u00e1ndonos sobre la conquista, la Iglesia, el petr\u00f3leo, el medio ambiente, el progreso y nuestra propia idea de civilizaci\u00f3n. Germ\u00e1n no nos dice qu\u00e9 debemos pensar. Nos obliga a mirar desde el otro lado. En un pa\u00eds y en un mundo tan polarizados, ese ejercicio es demasiado importante\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A cinco a\u00f1os de la muerte de Germ\u00e1n Castro Caycedo, su hija, Catalina Castro Blanchet, recuerda en la Revista Generaciones los viajes que hizo junto a su padre por la Amazon\u00eda y habla de la nueva edici\u00f3n de La noche de las lanzas.<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":5502,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[68],"tags":[165,292,63,291,78,162,293],"class_list":["post-7674","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-actualidad","tag-catalina-castro-blanchet","tag-el-colombiano","tag-german-castro-caycedo","tag-la-noche-de-las-lanzas","tag-libros","tag-mi-padre-german-castro-caycedo","tag-revista-generaciones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7674","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7674"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7674\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7675,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7674\/revisions\/7675"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5502"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7674"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7674"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7674"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}