{"id":4891,"date":"2024-01-29T11:57:47","date_gmt":"2024-01-29T16:57:47","guid":{"rendered":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/?p=4891"},"modified":"2024-01-29T11:57:48","modified_gmt":"2024-01-29T16:57:48","slug":"en-venezuela-no-esta-el-dorado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/2024\/01\/29\/en-venezuela-no-esta-el-dorado\/","title":{"rendered":"EN VENEZUELA NO EST\u00c1 EL DORADO"},"content":{"rendered":"\n<p>Medio: El Tiempo<\/p>\n\n\n\n<p>Fecha: 30 de septiembre de 1969<\/p>\n\n\n\n<p>Por: Germ\u00e1n Castro Caycedo \/ Fotos: Sin registro<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella madrugada, en la arena parda y caliente de la Guajira, hab\u00eda m\u00e1s verde que en cualquiera de las semanas anteriores: batallones del ej\u00e9rcito y de la Guardia Nacional de Venezuela, metidos entre sus uniformes de fatiga, llegaron silenciosamente durante la noche y ahora ten\u00edan bloqueada esa parte de la frontera con Colombia.<\/p>\n\n\n\n<p>La noticia se supo antes del amanecer en Maicao. A las cinco, la mujer que administraba el hotelucho de contrabandistas y hampones, que como yo estaban esperando dar el salto a Venezuela por los caminos verdes, golpe\u00f3 en la puerta del lado, donde se acomodaban el Mono Cruz &#8212;-un ratero barato que rapaba relojes en el Paseo Bol\u00edvar de Barranquilla&#8212;- y Nando Zuleta, su amigo \u00edntimo.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8212;- Aj\u00e1, catire &#8212;-dijo la mujer en voz alta&#8212;- que Moncho ya no va hoy a Santacruz&#8230; Que se quedan aqu\u00ed, \u00bfme entiendes?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8212;- Pero si llevo una semana esperando a que ese carajo me lleve&#8230; \u00bf\u00c9l est\u00e1 ah\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8212;- No, envi\u00f3 a uno de sus hijos a avisar. Que est\u00e1 cerrada la frontera porque la Guardia Nacional lleg\u00f3 anoche. Que hay que esperar a que se calme la vaina&#8230; T\u00fa sabes, cuando pase el esc\u00e1ndalo de los peri\u00f3dicos del otro lado, Moncho vuelve a arreglar paso con guardias de all\u00e1. \u00bfNo ves que a algunos de ellos tambi\u00e9n les interesa que esto se arregle?<\/p>\n\n\n\n<p>Nando, un zambo de unos veintid\u00f3s, fuerte y bruto pero que bien podr\u00eda hacerse matar por defender al Mono, le pregunt\u00f3 a la vieja por qu\u00e9 hab\u00eda alguien en la guardia venezolana a quien le interesaba el paso de gentes de aqu\u00ed para all\u00e1, y ella, sin titubeos le solt\u00f3 as\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8212;- Ay, hombre de Dios. \u00a1Qu\u00e9 pregunta! \u00bfNo ves que Moncho y todos los que llevan gente, tienen que partir y repartir con ellos los \u00abbolos\u00bb que consiguen? Este es negocio para todos&#8230; Preg\u00fantaselo al Mono, que no es la primera vez que sucede&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Las habitaciones del hotel estaban separadas por bastidores forrados en un papel peri\u00f3dico amarillento y lleno de agujeros, que los pasajeros abr\u00edan con l\u00e1pices o navajas, generalmente cuando la pieza vecina era ocupada por una pareja que hab\u00eda ingresado all\u00ed \u00abpor un rato\u00bb. A trav\u00e9s de ella, el Mono &#8212;-luego de carraspear una vez m\u00e1s y de lanzar el escupitajo que son\u00f3 contra el peri\u00f3dico&#8212;-, me dijo: \u00abFot\u00f3grafo, nos jodimos. Lev\u00e1ntate y vamos a hablar con Moncho\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Le respond\u00ed que prefer\u00eda descansar un poco m\u00e1s. \u00c9l y Nando, dos homosexuales que se conocieron en la c\u00e1rcel de Barranquilla y que iban y ven\u00edan juntos desde hac\u00eda seis meses, no hab\u00edan dejado dormir a nadie, as\u00ed que yo quer\u00eda aprovechar la hora y media de buena temperatura para quedarme en el cuartucho. Despu\u00e9s de las siete el calor ser\u00eda salvaje y uno ten\u00eda que irse a buscar alg\u00fan sitio donde soplara la brisa.<\/p>\n\n\n\n<p>A las once de la ma\u00f1ana vi a Moncho. Era un s\u00e1bado y estaba en el patio de su casa sentado con cinco amigos alrededor de una mesa. Beb\u00edan whisky en copas peque\u00f1as y lo pasaban con soda, servida en vasos aparte. El patio de las casas guajiras &#8212;-como en el resto de la costa norte de Colombia&#8212;- es acaso la instalaci\u00f3n m\u00e1s importante de la vivienda. Sobre el piso de tierra, limpio y bien barrido, le hab\u00edan puesto arroz a media docena de gallinas que se cruzaban por sobre los pies de Moncho y sus amigos, calzados con chancletas.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed todos hablaban en voz alta porque de la radiola de pilas colgada bajo el \u00e1rbol de trupillo que invariablemente da sombra a estos patios, sal\u00edan las notas &#8212;tambi\u00e9n en tono alto&#8212;- de una canci\u00f3n vallenata.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando llegu\u00e9 ninguno de los hombres de la mesa movi\u00f3 los ojos de un plato con presas de pollo fritas. Ninguno contest\u00f3 el saludo. Moncho, vestido con una franela sin mangas volvi\u00f3 la cara hacia m\u00ed, sonri\u00f3 y, sin decir una sola palabra, alcanz\u00f3 una copa llena de whisky que ten\u00eda al frente, mientras su mujer, tambi\u00e9n sin hablar, me hizo se\u00f1as desde la cocina para que fuera a tomar una butaca&#8230; Los fines de semana en esta zona comienzan a celebrarse el s\u00e1bado temprano. Los hombres se re\u00fanen en las casas con sus amigos desde antes del mediod\u00eda, mientras las mujeres se encierran a cocinar un sancocho, que sirven sobre las cuatro de la tarde. La fiesta dura toda la noche y toda la ma\u00f1ana y la tarde del domingo.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8212;- Aj\u00e1, \u00bfy qu\u00e9?, dijo Moncho en tono sat\u00edrico, a lo que le pregunt\u00e9 sobre la demora del viaje.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8212;- No hombre, t\u00fa puedes pasar por la carretera. Ya te dije que es una v\u00eda segura porque tenemos gente arreglada al otro lado. Por ah\u00ed no hay que caminar. El carro te deja en puro Maracaibo; lo que pasa es que t\u00fa tienes que pagarme quinientos de los rojos, y ya.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8212;- \u00bfY el bloqueo al otro lado?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8212;- Qu\u00e9 carajo &#8212;respondi\u00f3&#8212;-. Esa gente todav\u00eda no ha comenzado por el lado de la carretera. Est\u00e1n controlando las trochas, pero t\u00fa puedes pasar en carro si te apuras. Ya ma\u00f1ana no va a ser posible, dijo mirando a sus amigos que, sin pesta\u00f1ear, con sus caras cetrinas e inexpresivas beb\u00edan y escuchaban la m\u00fasica.<\/p>\n\n\n\n<p>Le coment\u00e9 que prefer\u00eda irme por la trocha, as\u00ed hubiese que esperar otra semana m\u00e1s, como lo anunciaba. \u00abNo tengo dinero suficiente\u00bb, le dije y trat\u00e9 de salir de su casa, pero \u00e9l me lo impidi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8212;- T\u00fa tienes que quedarte a beber con nosotros porque despu\u00e9s hay sancocho, orden\u00f3 alzando la voz, mientras vaciaba otro trago entre la copa. En ese momento yo no estaba en condiciones de rechazarlo. Mi meta era ir por las trochas, con los indocumentados colombianos que inundan a Venezuela, vivir unas horas con ellos y la \u00fanica conexi\u00f3n era Moncho.<\/p>\n\n\n\n<p>El viaje en carro &#8212;-un segundo plan que le ofrecen a uno los tratantes en la Guajira para sacarlo clandestinamente&#8212;- era m\u00e1s simple, \u00abmenos revelador de la situaci\u00f3n que he venido a buscar\u00bb, pens\u00e9 y tom\u00e9 asiento junto a los cinco guajiros.<\/p>\n\n\n\n<p>La semana siguiente fue interminable. Moncho nos hab\u00eda aconsejado que sali\u00e9ramos poco a las calles porque se present\u00eda una batida por parte de las autoridades colombianas y nos pod\u00edan echar mano.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8212;- Y si esto sucede&nbsp; \u00bfa donde nos enviar\u00e1n?, le dije.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8212;- Qu\u00e9 carajo. Aqu\u00ed no env\u00edan a nadie a ninguna parte. Mira: todo el mundo conoce a los polic\u00edas y a los agentes del DAS. Viven muy, pero muy jodidos y valen barato. Cualquier billete les cae muy bien&#8230; Pero, es mejor no buscarle la cara al gato, respondi\u00f3 apur\u00e1ndose un trago y luego un buche de soda.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 si \u00e9l hab\u00eda cre\u00eddo mi historia del fot\u00f3grafo con problemas que deb\u00eda salir con urgencia del pa\u00eds, pero lo cierto es que me pareci\u00f3 que actuaba profesionalmente en su trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nando y el Mono estuvieron cuatro d\u00edas m\u00e1s y luego se esfumaron. Su amistad era importante porque resultaba la mejor manera de proteger contra robo las c\u00e1maras fotogr\u00e1ficas y el par de camisas que formaban mi equipaje. Sin embargo, al no haber \u00abjale\u00bb r\u00e1pido, resolvieron irse para Santa Marta a \u00abenfriar\u00bb unos cuantos turistas.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego de su desaparici\u00f3n transcurrieron cinco d\u00edas y al anochecer de un martes, Moncho mand\u00f3 a su hijo a avisar que todo estaba listo.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8212;- Debes estar a las nueve de la ma\u00f1ana frente al matadero. Ah\u00ed se va a detener un cami\u00f3n peque\u00f1o, que tiene atr\u00e1s una caja cerrada, hecha de madera. Ah\u00ed te vamos a llevar con otra gente, dijo el muchacho.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8212;-&nbsp; \u00bfA la vista de todos?, le pregunt\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8212;- Claro, a la vista de todos. \u00bfQu\u00e9 quieres luego? Si esto lo sabe todo el mundo. Mira, estos camiones cerrados est\u00e1n hechos para llevar al otro lado caf\u00e9 de contrabando. Eso es legal, hermano, \u00bfpor qu\u00e9 entonces no vamos a llevar los trabajadores que necesitan all\u00e1?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8212;- \u00bfY la guardia venezolana?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8212;- Si mi pap\u00e1 dice que ya, es que ya. No le pongas problema, \u00f1ero.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar del bloqueo militar en la frontera y de que desde Caracas se anunci\u00f3 un estricto control, el tr\u00e1nsito de colombianos sin documentos continuaba igual. Centenares de campesinos de la Costa Atl\u00e1ntica y de los Santanderes segu\u00edan afluyendo a las \u00abmateras\u00bb o haciendas venezolanas, que desde hace varios lustros se benefician con los brazos colombianos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los hacendados del T\u00e1chira y el Zulia que guardan silencio en torno al asunto, encuentran en esos millares de trabajadores una mano de obra calificada y a bajo costo, por lo cual fomentan la inmigraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El problema, que tiene sus or\u00edgenes antes de que el peso colombiano comenzara a perder puntos frente al bol\u00edvar, obedece en parte a que en Venezuela el trabajador del petr\u00f3leo gana jornales considerablemente m\u00e1s altos que el hombre del campo, por lo cual el \u00e9xodo hacia las zonas de explotaci\u00f3n ha dejado el agro sin mano de obra.<\/p>\n\n\n\n<p>En esa medida, los cultivadores han aceptado la entrada de gentes colombianas que devengando salarios m\u00e1s bajos a los menores estipulados por la ley venezolana para esta clase de trabajo, est\u00e1n dando soluci\u00f3n a una necesidad que sin su concurso, ser\u00eda apremiante para ese pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras en las zonas petroleras hay trabajadores que llegan a ganar diariamente salarios que alcanzan los seis d\u00f3lares, el jornal m\u00ednimo establecido para el campesino es de cuatro.<\/p>\n\n\n\n<p>Los sueldos para los indocumentados colombianos se han estabilizado en el Estado Zulia dos y medio, sin que los patronos tengan que preocuparse por reconocer prestaciones sociales o cualquier otro tipo de asistencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, el bajo nivel de los braceros colombianos y el reflejo de la dura moneda venezolana, se convierten en factores que determinan la corriente migratoria desde nuestros campos.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego de haber vivido el fen\u00f3meno por espacio de ocho d\u00edas, hay que llegar a la conclusi\u00f3n de que ese \u00abdorado\u00bb que nuestros trabajadores creen hallar en las tierras zulianas y tachirenses, no existe. Son demasiadas las espinas que tapizan el camino tanto de ida como de regreso, el cual muchas veces se emprende con las manos destrozadas y los bolsillos vac\u00edos, luego de trabajar meses enteros.<\/p>\n\n\n\n<p>Las zonas venezolanas donde hoy se encuentran las mayores concentraciones de trabajadores colombianos, han determinado dos puntos estrat\u00e9gicos en nuestro pa\u00eds, para dar el salto al otro lado: C\u00facuta en el sur y Maicao en el norte.<\/p>\n\n\n\n<p>En Maicao hay dos formas de abandonar el pa\u00eds sin problema alguno. La primera hecha para \u00abcapitalistas\u00bb pues consiste en el pago de quinientos bol\u00edvares a intermediarios profesionales que llevan a la persona hasta Maracaibo o Villa del Rosario, tambi\u00e9n en Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan el caso, el \u00abplan de viaje\u00bb es ofrecido por los tratantes en forma concreta: \u00abVamos por la v\u00eda, cambiando dos veces de autom\u00f3vil, o vamos por la trocha donde hay que caminar un trecho y el resto otra vez en carro&#8230; escoja\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde luego, este sistema no se acomoda a las posibilidades de los braceros que toman la v\u00eda de Santa Cruz, una peque\u00f1a poblaci\u00f3n en su mayor parte ind\u00edgena, ubicada en territorio colombiano a unos mil metros de la l\u00ednea fronteriza. Hasta all\u00ed son transportados en los camiones cerrados y deben pagar cien pesos. El recorrido se hace por una carretera \u00abfantasma\u00bb a trav\u00e9s de zonas de alguna vegetaci\u00f3n, sin puentes, plagadas de huecos.<\/p>\n\n\n\n<p>El viaje es lento, c\u00e1lido, enmarcado por una constante nube de tierra amarillenta que se mete entre los dientes y dura un par de d\u00edas crujiendo cada vez que se mueven las mand\u00edbulas.<\/p>\n\n\n\n<p>Se sale de Maicao sobre las diez de la ma\u00f1ana y se arriba a Santa Cruz una hora m\u00e1s tarde. El recibimiento en el pueblecito est\u00e1 a cargo de unas pocas viejas, que se asoman t\u00edmidamente a las puertas y a las ventanas, mirando con curiosidad \u00aba los del viaje de hoy\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed comienza <em>el camino verde<\/em> tras andar unos quince minutos, cuando se encuentra la l\u00ednea divisoria. Estas son dos palabras que suenan bien en la garganta de los indocumentados colombianos. Cuando se dan los \u00faltimos pasos y el moj\u00f3n que marca la frontera est\u00e1 al alcance del pie, ellos sonr\u00eden y aprietan el ritmo.<\/p>\n\n\n\n<p>El clima es achicharrante. La temperatura, mayor que la de Barranca y La Dorada, se confabula con el sol y la arena reseca que en algunos tramos llega hasta el tobillo.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de Santa Cruz la marcha es forzada y los pulmones de hombres y mujeres, pitan con el esfuerzo que supone caminar durante tres d\u00edas. La obsesi\u00f3n durante la marcha es el agua. El sudor baja desde la cabeza y escurre por los pantalones empapados hasta la rodilla. Adelante la trocha contin\u00faa interminable, arenosa y reseca. En los tramos descubiertos de maleza se ven espejismos y el \u00fanico consuelo es acercarse a las casas y pedir agua o ver un pozo verde, con musgo en la superficie y meterse all\u00ed de cabeza para beber un l\u00edquido tibio con sabor a barro.<\/p>\n\n\n\n<p>Los indocumentados marchan con pasos largos durante las tres jornadas y hacen dos paradas sobre las cuatro de la tarde de cada d\u00eda, en las fincas que permiten dormir en enramadas no lejanas de la casa. En esta traves\u00eda, quien no cargue un chinchorro, \u00abes hombre frito\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En nuestro grupo iban once campesinos del Magdalena, Atl\u00e1ntico y C\u00f3rdoba. Cuatro de ellos ya conoc\u00edan la regi\u00f3n. Los restantes eran nuevos. Dos prostitutas de Neiva y Ovejas y dos antioque\u00f1os, con anillos, melena larga y dientes calzados en oro, que no ten\u00edan cara de trabajadores.<\/p>\n\n\n\n<p>A medida que se avanzaba, los hombres iban qued\u00e1ndose al encontrar trabajo en las materas, donde eran recibidos, generalmente bien. El finquero venezolano conoce a primera vista y desde la distancia al trabajador de cotizas, sombrero sinuano y malet\u00edn con un escudo del Atl\u00e9tico Junior.<\/p>\n\n\n\n<p>El atuendo de la gente de la ciudad, en cambio, parece horrorizarlos. Los ven y ya saben qu\u00e9 traen por dentro. Entonces, ir sin cotizas ni sombrero sinuano es arriesgarse a la l\u00f3gica discriminaci\u00f3n y tener que dormir en la misma tierra, lejos de las casas porque no permiten que uno se acerque a sus puertas.<\/p>\n\n\n\n<p>La obsesi\u00f3n del dinero es extraordinaria para estos campesinos que, luego de cada tramo y diez o doce horas de camino, parecen frescos. Ellos solamente piensan en hallar trabajo, esperar unos meses durante los cuales el patr\u00f3n les guardar\u00e1 sus sueldos y regresar a Colombia.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos de ellos siembran sus peque\u00f1as parcelas, se van a trabajar a Venezuela y si traen bol\u00edvares ya tienen c\u00f3mo financiar la cosecha. \u00abEsto es m\u00e1s seguro que esperar que la Caja Agraria o que el gobierno de Colombia le ayuden a uno. La Caja quiere verlo a uno endeudado para quitarle despu\u00e9s la finca. As\u00ed ha ocurrido este a\u00f1o en la zona de Codazzi con unos primos m\u00edos. La Caja les quit\u00f3 una tierra y luego se la dio al sobrino de un pol\u00edtico\u00bb, comenta Juancho Pern\u00eda, uno de los campesinos del grupo.<\/p>\n\n\n\n<p>Para los hombres de la ciudad, las gorras verdes y las metralletas de los guardias parecen una idea fija. Se avanza al ritmo de los campesinos, mientras la sangre palpita en la cabeza, y el sudor, que despu\u00e9s de una hora se siente helado, comienza a volverse agotamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde Santa Cruz se pasa a Guaba, primer punto venezolano despu\u00e9s de la hacienda La Torcala. Luego vienen Las Trojas, El Escondido, Laberinto y el primer r\u00edo que se atraviesa en canoa, luego de pagar cinco bol\u00edvares: El Lim\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Se cruza por la zona ind\u00edgena de los Japrer\u00edas, donde el cacique Nimpoto salva la situaci\u00f3n y presta un gu\u00eda que va hasta la hacienda Victorino, de don Rodolfo Rinc\u00f3n, donde ya es posible continuar en carro hasta la Villa y de all\u00ed a Maracaibo.<\/p>\n\n\n\n<p>La Villa es el punto final de la traves\u00eda (unos ciento veinte kil\u00f3metros), centro agr\u00edcola y ganadero a donde arriban todos los trabajadores colombianos.<\/p>\n\n\n\n<p>A los \u00faltimos cuarenta kil\u00f3metros de esta v\u00eda no llega ning\u00fan campesino porque ya todos han encontrado trabajo f\u00e1cilmente en las haciendas venezolanas, completamente cultivadas de pastos, organizadas y cercadas con seis y siete hilos de alambre.<\/p>\n\n\n\n<p>Su diferencia con las colombianas, unos pocos metros despu\u00e9s de la frontera, es grande. Comienzan las fincas del otro lado y termina tambi\u00e9n la aridez. Ya no se ven cactus, cabras y algunos burros, sino ganado de ceba.<\/p>\n\n\n\n<p>Pese a lo que se diga, el drama del bracero colombiano, algunas veces alcanza niveles de salvajismo. Ilusionados por unos cuantos pesos, trabajan durante meses enteros sin recibir su sueldo, pues generalmente prefieren que el patr\u00f3n les guarde el dinero para cuando termine la temporada.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero muchas veces no reciben el jornal, porque a la hora de cobrar son entregados a las autoridades venezolana \u00abpor indocumentados\u00bb. Y luego de ser conducidos y permanecer un tiempo en c\u00e1rceles de San Crist\u00f3bal o Maracaibo, son llevados hasta la frontera y desde all\u00ed deben regresar caminando hasta su tierra, sin dinero y sin esperanzas. Esta es la realidad de ese \u00abdorado\u00bb que no existe pues si bien en Colombia los salarios para el campesino no pasan de dos d\u00f3lares diarios, tampoco hay el riesgo de trabajar en balde.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero si hay suerte, los hombres pueden regresar con dos o tres mil bol\u00edvares, que pierden algunas veces en Maicao durante la operaci\u00f3n de cambio a pesos. All\u00ed hay bandas de hampones que, trabajando arm\u00f3nicamente con gente de la polic\u00eda secreta colombiana y con algunos polic\u00edas uniformados, inicialmente les compran los bol\u00edvares, y luego les quitan los pesos. Para esto utilizan desde la intimidaci\u00f3n con una placa de la autoridad, hasta el chantaje y el asalto. En esta zona son frecuentes los casos en los cuales aparecen cosidos a balazos en las afueras de Maicao, campesinos que regresaban de Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p>Se estima que la mayor\u00eda de quienes salen de Colombia, llegan a su meta en Venezuela y regresan sin problemas. Sin embargo, una buena cantidad son capturados, encarcelados como delincuentes comunes y maltratados antes de ser devueltos.<\/p>\n\n\n\n<p>Las autoridades venezolanas devuelven semanalmente &#8212;-s\u00f3lo por Maicao&#8212; un promedio de veinticinco colombianos, llegando en muchas oportunidades hasta tres \u00abremesas\u00bb diarias.<\/p>\n\n\n\n<p>El consulado colombiano en Maracaibo recibe a \u00faltima hora &#8212;-seg\u00fan los funcionarios&#8212;- el anuncio de deportaci\u00f3n, por lo cual no hay tiempo para adelantar ciertos tr\u00e1mites legales que puedan permitir a los trabajadores la recuperaci\u00f3n de sus salarios.<\/p>\n\n\n\n<p>El Consulado parece bien atendido pero es pobre, carece de medios tan elementales como veh\u00edculos o un mayor n\u00famero de empleados. All\u00ed hay solamente un c\u00f3nsul y dos funcionarios m\u00e1s, que algunas veces trabajan hasta diez horas al d\u00eda, jornada que no conoce ninguno de nuestros empleados del servicio exterior en otras partes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abHay casos en que los hacendados que han negado pagar el salario a los trabajadores, se encuentran a cien y doscientos kil\u00f3metros de la ciudad. Por tanto nos resulta imposible ir hasta all\u00e1 a hablar o a tramitar las solicitudes de los braceros. As\u00ed ellos pierden miles de bol\u00edvares al a\u00f1o\u00bb, dice un empleado que pide no citar su nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Los hacendados venezolanos est\u00e1n autorizados por su gobierno para adquirir tarjetas agr\u00edcolas, mediante las cuales amparan a los braceros y legalizan su trabajo. Pero no lo hacen porque es mejor negocio conseguir mano de obra gratis.<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo aspecto es el de los maleantes y las prostitutas que marchan hacia Venezuela, donde se sufre un azote por esta raz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En las casas de lenocinio en Maracaibo la mayor\u00eda de las prostitutas son colombianas que han llegado sin documentos, llevadas por bandas de tratantes de ambos pa\u00edses, quienes las consiguen en nuestras ciudades y las venden all\u00e1 a cambio de sumas que pueden variar entre quinientos y mil bol\u00edvares.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s de la mitad de un grupo de quince mujeres con quienes habl\u00e9 dijeron que quer\u00edan regresar pero no pod\u00edan. Los due\u00f1os de los bares donde trabajan las chantajean con la amenaza de entregarlas a las autoridades por no tener papeles en regla.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay casos en que llegan a abusar de ellas, tras lo cual les quitan el dinero que hayan ganado. Entonces son entregadas a la autoridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque es imposible obtener datos estad\u00edsticos exactos por tratarse de indocumentados que se mueven a trav\u00e9s de la frontera clandestinamente, un promedio aproximado, obtenido en fuentes oficiales de Maracaibo, establece que cada semana son devueltas a Colombia cinco prostitutas, mientras ingresan de siete a ocho.<\/p>\n\n\n\n<p>Igualmente, cada semana entran a Venezuela unos setenta colombianos &#8212;-s\u00f3lo por la Guajira&#8212;- de los cuales, dos son delincuentes comunes y el resto prostitutas (en la cantidad anterior) y trabajadores honrados.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00faltima encuesta hecha en la c\u00e1rcel nacional de Sabaneta (Estado Zulia), mostraba que all\u00ed hab\u00eda ciento siete colombianos presos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, aunque apenas una minor\u00eda de los emigrantes son indeseables, es necesario reconocer que representan un n\u00famero suficiente para dar en Venezuela una imagen violenta de nuestro pa\u00eds. En Maracaibo, por ejemplo, hay situaciones espec\u00edficas en que es necesario amar demasiado a la patria para aceptar que uno es colombiano.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra frontera con Venezuela es extensa y abandonada: 2.219 kil\u00f3metros sin due\u00f1o. En puntos como Santa Cruz no se encuentra una sola autoridad. Por all\u00ed y con el conocimiento de los funcionarios de la Guajira, se realiza la mayor\u00eda del tr\u00e1fico, no s\u00f3lo de braceros, maleantes y prostitutas, sino tambi\u00e9n de caf\u00e9, de az\u00facar, de ganado&#8230; de todo cuanto produce Colombia.<\/p>\n\n\n\n<p>Los congresistas Rafael Iguar\u00e1n Laborde, Lisardo V\u00e9lez V\u00e9lez, Alfonso Latorre G\u00f3mez, Arturo Posada Mesa, Roberto Harker, Fabio Salazar G\u00f3mez y Antonio Jos\u00e9 Ocampo, rindieron un informe al presidente de la Rep\u00fablica de Colombia en el que anotan que \u00aben estas regiones la soberan\u00eda colombiana est\u00e1 amenazada. Cualquier sacrificio por parte de los poderes legislativo y ejecutivo repercute en beneficio de la patria&#8230; En una inmensa zona fronteriza, no existen ni cuarteles, ni inspecciones de polic\u00eda, ni nada que indique nuestra soberan\u00eda. Esto constituye un contraste doloroso con Venezuela. Los gobiernos venezolanos se han ocupado siempre de reforzar las fronteras\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, el informe en el cual ellos abogan por soluciones a base de fusiles, olvidan que el campesino colombiano no abandonar\u00e1 su patria el d\u00eda que tenga c\u00f3mo llenar el est\u00f3mago. El hombre de la ciudad no huir\u00e1 de la justicia el d\u00eda que tenga trabajo, salud, educaci\u00f3n. La mujer no vender\u00e1 su cuerpo el d\u00eda que en Colombia haya para ella otro tipo de oportunidades.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Maracaibo, marzo de 1969<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Medio: El Tiempo Fecha: 30 de septiembre de 1969 Por: Germ\u00e1n Castro Caycedo \/ Fotos: Sin registro Aquella madrugada, en la arena parda y caliente de la Guajira, hab\u00eda m\u00e1s verde que en cualquiera de las semanas anteriores: batallones del ej\u00e9rcito y de la Guardia Nacional de Venezuela, metidos entre sus uniformes de fatiga, llegaron [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":4775,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[145],"tags":[],"class_list":["post-4891","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-qr"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4891","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4891"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4891\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4892,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4891\/revisions\/4892"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4775"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4891"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4891"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4891"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}