{"id":4786,"date":"2024-01-12T12:18:44","date_gmt":"2024-01-12T17:18:44","guid":{"rendered":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/?p=4786"},"modified":"2025-05-26T03:19:12","modified_gmt":"2025-05-26T08:19:12","slug":"el-cordobes-inerte-en-la-arena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/2024\/01\/12\/el-cordobes-inerte-en-la-arena\/","title":{"rendered":"EL\u00a0 CORDOB\u00c9S, INERTE EN LA ARENA"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Medio:<\/strong> El Tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Fecha:<\/strong> Febrero de 1970.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Por:<\/strong> Germ\u00e1n Castro Caycedo \/ Fotos: Sin registro.<\/p>\n\n\n\n<p>En cambio el s\u00e1bado siguiente, 7 de febrero, el m\u00e9dico Olaya tuvo que refugiarse en la enfermer\u00eda desde el segundo toro. All\u00ed fue llevado Manuel Ben\u00edtez con su maxilar inferior derecho abierto y la tr\u00e1quea al descubierto tras ser herido por un toro de don Benjam\u00edn Rocha. El parte m\u00e9dico, que parec\u00eda m\u00e1s propio de una ri\u00f1a callejera, sali\u00f3 publicado en los diarios del siguiente d\u00eda. Fue un milagro que no lo degollara, afirmaban quienes sal\u00edan de la enfermer\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La imagen del torero inerte en el ruedo mientras el toro de Achury Viejo buscaba de nuevo su humanidad, a la vez que Antonio Su\u00e1rez, su mozo \ufeffde espadas, con una muleta plegada en su mano izquierda buscaba auxiliarlo, mientras el ayuda, Antonio Fern\u00e1ndez \u201cPegajoso\u201d, cubr\u00eda con su humanidad el cuerpo de \u201cEl Cordob\u00e9s\u201d, le cont\u00f3 al mundo uno de los momentos m\u00e1s dram\u00e1ticos en la historia de la Santamaria y de la fiesta brava en general.<\/p>\n\n\n\n<p>Los segundos antes de la imagen, toda una tragedia griega, los cont\u00f3 Germ\u00e1n Castro Caycedo en la revista El Ruedo. \u201cEntr\u00f3 a matar y sali\u00f3 despedido\u201d. \u201cEl Cordob\u00e9s\u201d hab\u00eda quedado inm\u00f3vil en la misma cara del toro. No se pod\u00eda apreciar desde la barrera el sitio exacto de la cornada, pero parec\u00eda en el cuello. En medio segundo el ruedo se llen\u00f3 de toreros vestidos de luces y de paisano; de mozos de espadas, de monosabios. Mechas, con la mirada perdida en el cielo, hizo un leve movimiento y estir\u00f3 los brazos, luego qued\u00f3 r\u00edgido como los muertos. Ten\u00eda la cara impresionantemente blanca transparente y los ojos muy abiertos. Como los de los b\u00fahos. Comenz\u00f3 el trasteo; con el hombre a cuestas camino de la enfermer\u00eda, pero llegando a los medios, el toro busc\u00f3 el tumulto y las asistencias dejaron caer pesadamente al torero herido. A su lado solamente quedaron dos hombres: el mozo de espadas y su ayuda. Cuando el toro estaba s\u00f3lo a dos metros, el ayuda, \u201cPegajoso\u201d -as\u00ed le dicen al salvador- lo fij\u00f3 bien (de pie), y cuando el toro quiso meter la cabeza para llev\u00e1rselo, se lanz\u00f3 a tierra, poniendo su pecho sobre el de \u201cEl Cordob\u00e9s\u201d. El toro pas\u00f3 por encima de los dos. Este fue el quite generoso que se coment\u00f3, posiblemente m\u00e1s que la misma cornada del d\u00eda s\u00e1bado.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>CINCO MINUTOS DE LOCURA EN LA ENFERMER\u00cdA<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Cuando un torero con un boquete en el cuello le pisa a uno los pasos, el callej\u00f3n que conduce del ruedo a la enfermer\u00eda parece interminable. Adelante hab\u00edan entrado los m\u00e9dicos, tan pronto vieron que el \u201cCordob\u00e9s\u201d qued\u00f3 tendido en el ruedo sin moverse. Apenas se comenzaban a quitar la camisa cuando el tropel se ech\u00f3 al fondo, cerca del ruedo. Los gritos se o\u00edan huecos, como entre un tarro.<\/p>\n\n\n\n<p>\ufeffPaco Ruiz<\/p>\n\n\n\n<p>Dif\u00edcilmente se puede ver una cara con la tragedia tan marcada en cada gesto como la de Paco Ruiz, el apoderado del torero. Penetr\u00f3 delante empujando, abriendo los brazos y diciendo en voz alta: \u201c\u00a1Ay, mi alma, Manolo, Manolito m\u00edo&#8230; ay, mi alma, no te vas: Manolo, no te vas\u2026!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Repet\u00eda la frase como un aut\u00f3mata. Ten\u00eda la cara blanca como la de una los ojos desorbitados, las mejillas le saltaban en convulsiones nerviosas.<\/p>\n\n\n\n<p>La cabeza de \u2018El Cordob\u00e9s\u2019 se bamboleaba con el mismo ritmo de los pasos de M\u00e1rquez (Miguel), de Juan Antonio Romero, de \u00c1lvaro Domecq y de su mozo de espadas, que hac\u00edan chirriar el piso con la arena a\u00fan pegada a las suelas de sus zapatos. Detr\u00e1s ven\u00edan Jos\u00e9 Luis Lozano, apoderado de Palomo Linares, Pepe C\u00e1ceres, \u2018El Vasco\u2019, chofer de Benitez, Antonio Cobos, su banderillero&#8230; el pasillo estrecho que hay antes de la sala de operaciones se llen\u00f3 en un segundo y a ella entraron, fuera de los m\u00e9dicos, unas siete personas que no quer\u00edan desalojar.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>\ufeffGRITOS DE LOCO<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>En segundos saltaron la chaquetilla, la camisa y la corbata del torero. En la puerta se plant\u00f3 Domecq y a su lado Cobos. Ambos gritaban como desesperados, ambos empujaban gente, Cobos parec\u00eda un mani\u00e1tico. Daba voces y arremet\u00eda contra fot\u00f3grafos, banderilleros y apoderados que estiraban al tiempo el cuello para ver a trav\u00e9s de los vidrios lo que pasaba adentro. En ese momento, antes de que los m\u00e9dicos \u201cmetieran la mano\u201d, la enfermer\u00eda parec\u00eda un manicomio. S\u00f3lo se ve\u00edan caras p\u00e1lidas; nadie cerraba la boca: gritaban como salvajes, era el nerviosismo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>DESCANSO<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Cuando salt\u00f3 el corbat\u00edn fue rasgada la camisa, los m\u00e9dicos lavaron la herida por primera vez. Hubo un descanso, la cornada no era en el cuello sino en el piso de la boca&#8230; aparte no hab\u00eda hemorragia, pero era profunda. El anestesista se volc\u00f3 sobre la boca con la mascarilla de ox\u00edgeno y ahog\u00f3 los quejidos que lanzaba \u2018El Cordob\u00e9s\u2019 en voz muy baja. Luego, poco a poco se fue saliendo la gente \ufeffdetr\u00e1s de vidrios qued\u00f3 \u2018El Cordob\u00e9s\u2019 cubierto por una s\u00e1bana blanca. Abajo asomaban los pies con las medias rosadas puestas.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>PERROS CELOSOS<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Ala enfermer\u00eda llegaba por ciertos momentos un rumor leve de la plaza que se colaba por una ventana que da a la calle. Pero generalmente no hab\u00eda un solo ruido. Quedaban Domecq y Miguel M\u00e1rquez pegados a la puerta del quir\u00f3fano, como perros celosos. Estuvieron alli hasta que se llevaron al mechudo. No dejaban acercar a nadie.<\/p>\n\n\n\n<p>Apoderados, banderilleros y mozos de espada estaban en silencio. Se pegaban a las vidrieras y las empa\u00f1aban, as\u00ed que ten\u00edan que limpiarlas con la mano a cada segundo\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el doctor Carvajal Peralta inici\u00f3 la exploraci\u00f3n de la herida, meti\u00f3 todo d dedo me\u00f1ique entre el boquete y \u2018El Cordob\u00e9s\u2019, bajo anestesia local, levant\u00f3 la mano pidiendo m\u00e1s calmante. Se estaba dando cuenta de la intervenci\u00f3n. La herida era grande y por ella cab\u00edan dos dedos hasta la ra\u00edz.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>\ufeffGRACIAS A DIOS<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Afuera se imped\u00eda la entrada; sin embargo, el pasillo estaba lleno de gentes que fumaban. No se pod\u00eda respirar bien. Adentro los \u00fanicos que estaban cerca de los m\u00e9dicos eran Paco Ruiz y el mozo de espadas, ambos con blusas blancas. Afuera el secretario de salud, \u00c1lvaro Mart\u00ednez Cruz, quien realiz\u00f3 la construcci\u00f3n de la fabulosa enfermer\u00eda, agradec\u00eda a Dios los servicios puestos en funcionamiento. Siete personas m\u00e1s atend\u00edan al torero herido: los cirujanos Camilo Cabrera, Guillermo Jim\u00e9nez Olaya y Alfonso Carvajal Peralta; el anestesista doctor Hern\u00e1ndez, la enfermera Nelly Garz\u00f3n y la instrumentadora Jimena Vaca. Todo un equipo que puede atender los casos m\u00e1s graves con \u00e9xito.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando la gente comenz\u00f3 a salir gritando de la plaza, a\u00fan los m\u00e9dicos daban las \u00faltimas puntadas en la cara de Ben\u00edtez, esta vez quieto como un muerto. Lo hab\u00edan cubierto totalmente con s\u00e1banas verdes y s\u00f3lo asomaba la herida por un peque\u00f1o hueco de unos diez cent\u00edmetros. Domecq y M\u00e1rquez continuaban plantados contra la puerta del quir\u00f3fano&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\ufeffYa hab\u00eda caras rosadas. La palidez de todo el mundo hab\u00eda pasado&#8230; la herida no hab\u00eda sido en el cuello como se pens\u00f3 en un principio, cuando Juan Antonio Romero grit\u00f3 con desesperaci\u00f3n: \u201c\u00a1Doctor, \u00bfle ha calado la yugular?!\u201d; Esa era la inc\u00f3gnita. Pero la cornada hab\u00eda pasado lejos de la yugular.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>60 SEGUNDOS<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Cuando la ambulancia dej\u00f3 la plaza con el torero adentro, hab\u00eda quedado un silencio que contrastaba con los minutos durante los cuales fue puesto sobre la mesa y despojado del traje de luces. Hab\u00edan sido sesenta segundos en los cuales se vio lo que significa \u2018El Cordob\u00e9s\u2019 para la fiesta brava. Hab\u00eda que mirar esas caras erizadas, esos gestos de locos de quienes lo acompa\u00f1aban, esos ojos saltados. Parec\u00eda que se hubiera acabado todo en ese momento.<\/p>\n\n\n\n<p>El lunes siguiente, ya en su habitaci\u00f3n del hotel Continental, \u2018El Cordob\u00e9s\u2019 le pidi\u00f3 a Victor Rodr\u00edguez que lo anunciara para el pr\u00f3ximo fin de semana, como inicialmente estaba dispuesto. Como p\u00f3lvora corri\u00f3 la noticia: Benitez volver\u00eda al ruedo donde hab\u00eda ca\u00eddo, y al lado de Pepe C\u00e1ceres y Palomo Linares. El martes sali\u00f3 el cartel en los diarios y las filas para hacerse con una boleta no se hicieron esperar en la calle 19 con carrera quinta. Un cartel hecho a la medida del gusto de la afici\u00f3n capitalina, que s\u00f3lo le ped\u00eda a San Pedro que cerrara el grifo y dejara de llover <a href=\"https:\/\/www.eastjump.fr\/c\/c9010131-chateau-gonflable\/\" style=\"color:  \t#696969; text-decoration: none;\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">ch\u00e2teau gonflable<\/a>. Lo que no sab\u00edan los aficionados, mientras se hac\u00edan con la entrada, era que a pocas cuadras, en el hotel Continental, el taxi de \u2018El Vasco\u2019, el conductor de \u2018El Cordob\u00e9s\u2019, se llenaba con las maletas que acomodaba sigilosamente \u2018Pegajoso\u2019, el ayuda del mozo de espadas que dos d\u00edas antes hab\u00eda arriesgado su vida por \u201cWestinj\u00e1us\u201d, como \u00e9l llamaba a su torero. \u201cWestinjaus se marcha esta tarde para Espa\u00f1a\u201d. As\u00ed, sin guardar prudencia, \u201cPegajoso\u201d le solt\u00f3 la novedad a V\u00edctor Rodr\u00edguez, que se acercaba al hotel en ese justo momento. No llov\u00eda, pero Rodr\u00edguez, como quince d\u00edas antes, sinti\u00f3 que el agua le llegaba nuevamente al cuello, mientras se llevaba a la boca un Marlboro, que esta vez sab\u00eda a desesperaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella temporada de 1970, marcada por las lluvias y la cornada de \u201cEl Cordob\u00e9s\u201d, el ganador de todos los trofeos fue Miguel M\u00e1rquez.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Medio: El Tiempo. Fecha: Febrero de 1970. Por: Germ\u00e1n Castro Caycedo \/ Fotos: Sin registro. En cambio el s\u00e1bado siguiente, 7 de febrero, el m\u00e9dico Olaya tuvo que refugiarse en la enfermer\u00eda desde el segundo toro. 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