{"id":4132,"date":"2020-09-25T10:23:46","date_gmt":"2020-09-25T15:23:46","guid":{"rendered":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/?p=4132"},"modified":"2025-05-25T21:03:23","modified_gmt":"2025-05-26T02:03:23","slug":"noche-de-naturalezas-muertas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/2020\/09\/25\/noche-de-naturalezas-muertas\/","title":{"rendered":"Noche de naturalezas muertas"},"content":{"rendered":"<h4>(Tomado del libro HUELLAS)<\/h4>\n<p>Antes de morir, Alejandro Henao pensaba que finalmente hab\u00eda derrotado a sus secuestradores. Cosas de los seres humanos, cuando los seres humanos tienen dignidad.<\/p>\n<p>Aquella ma\u00f1ana se hallaba tendido en el barro bajo un hule engarzado en cuatro estacas. Una de sus piernas se hab\u00eda puesto tan gruesa como el tronco del sande que limitaba la visi\u00f3n al frente, y el color de la piel parec\u00eda m\u00e1s oscuro que al atardecer. Un oscuro con muchos tonos: amarillento, morado, ocre gris\u00e1ceo, verdoso: un verde oliva apagado. Toda una escala de tonalidades terribles sub\u00eda desde el tobillo. En ese momento aquella visi\u00f3n de naturalezas muertas alcanzaba la rodilla y \u00e9l sab\u00eda que cuando el pellejo se muda al gris y adem\u00e1s al verde amarillento, est\u00e1 tomando el tono de la carne en descomposici\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cEl gris es descomposici\u00f3n\u201d, pens\u00f3.<\/p>\n<p>A esa hora la niebla ol\u00eda mal. Era su propio olor. Por eso le hab\u00eda dicho\u00a0 a sus compa\u00f1eros de carpa: \u201cal\u00e9jenme de ustedes, huelo a secuestrado\u201d. Y ellos se lo llevaron pendiente arriba y lo depositaron bajo el trozo de hule con que se guarec\u00edan dos guerrilleras. Ellas se fueron de mala gana hasta el charco que \u00e9l ocupaba sobre el barro y la masa de hojas muertas y palos tendidos alrededor, con los cuales los secuestrados intentaban contener el agua que se deslizaba por la ladera. Deber\u00eda ser el d\u00eda treinta y ocho desde cuando los prendieron en los restaurantes que bordean el kil\u00f3metro 18 de la carretera que conduce de Cali a las costas del Oc\u00e9ano Pac\u00edfico.<\/p>\n<p>Amaneci\u00f3 por fin. Ma\u00f1ana gris por el techo de nubes bajas. Las nubes ven\u00edan del Pac\u00edfico y antes de chocar con la cordillera de monta\u00f1as se desgajaban al atardecer, al comienzo de la noche, a la medianoche, a la madrugada, por la ma\u00f1ana. La anterior hab\u00eda sido una de aquellas noches en que uno llega a creer que Dios lo ha abandonado.<\/p>\n<p>De las cinco de la tarde a las cinco de la ma\u00f1ana pudieron contar doce aguaceros que acribillaban la selva en lapsos de media hora. Cesaba la lluvia otro tanto y cuando se escuchaban los \u00e1rboles escurriendo, volv\u00edan la tempestad y el agua barriendo el piso. Ellos\u00a0 estiraban los brazos en la oscuridad. Algunas veces lograban arrancar ramas de los \u00e1rboles, las colocaban all\u00ed, pero el agua las cubr\u00eda. Al atardecer se hab\u00edan sentado sobre los trozos de cobija y pronto sintieron que las nalgas y luego la cintura se anegaban y se pusieron de pie. As\u00ed transcurri\u00f3 la noche eterna de la selva hasta cuando amaneci\u00f3, a las&#8230; Diablos, nunca supieron a qu\u00e9 hora viv\u00edan porque les quitaron los relojes. Cuando comenz\u00f3 el acoso del ej\u00e9rcito, tal vez el d\u00eda cuatro, \u00bfo el d\u00eda tres?, uno de los guerrilleros dijo que\u00a0 se los entregaran. Y que entregaran tambi\u00e9n los llaveros y los objetos met\u00e1licos que llevaban encima. \u201c\u00bfPor qu\u00e9?\u201d les pregunt\u00f3 Alejandro y el que mandaba,\u00a0 respondi\u00f3: \u201cLos relojes son met\u00e1licos y nos est\u00e1n delatando: el avi\u00f3n fantasma&#8230;\u201d. \u201c\u00bfAcaso sus fusiles no son met\u00e1licos?\u201d volvi\u00f3 a decir.<\/p>\n<p>Silencio.<\/p>\n<p>Los recogieron uno a uno y se los llevaron.<\/p>\n<p>La ma\u00f1ana siguiente los secuestradores los ten\u00edan puestos.<\/p>\n<p>\u201c\u00bf<em>Secuestradores<\/em>? Alto ah\u00ed. Nosotros, rico hijueputa, no somos secuestradores. Somos guerrilleros, hacemos retenciones. No lo olvide\u201d, dijo uno de ellos. Alejandro, que siempre los enfrent\u00f3 porque al secuestro lo derrota la dignidad, dec\u00eda \u00e9l, le pregunt\u00f3 entonces cual era la diferencia entre un secuestro y una <em>retenci\u00f3n<\/em>, y el que mandaba respondi\u00f3 que se trataba de cosas diferentes. Luego se lo explicar\u00eda.<\/p>\n<p>En ese momento, Alejandro pesaba unos veinte kilos menos que el d\u00eda de la <em>retenci\u00f3n,<\/em> un domingo de septiembre, y como los dem\u00e1s, vest\u00eda un pantal\u00f3n verde de hilo y una camiseta verde que les dieron los guerrilleros. De los restaurantes se llevaron a cincuenta y cuatro personas, luego comenz\u00f3 la presi\u00f3n del Ej\u00e9rcito y se vieron obligados a abandonar a treinta y tres hasta quedar veintiuno.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfQui\u00e9nes somos nosotros?\u201d, se pregunt\u00f3 luego y la respuesta lleg\u00f3 pronto. El que mandaba dijo por un aparato de radiocomunicaciones: \u201ctenemos a la mitad de la mercanc\u00eda\u201d. Ellos eran mercanc\u00eda que trepaba casi sin descanso por los contrafuertes de la cordillera resbalando en el piso de la selva.<\/p>\n<p>El piso de la selva. Eso se dice f\u00e1cil. Pero el piso de la selva es un colch\u00f3n de hojas que han ca\u00eddo de los \u00e1rboles a trav\u00e9s de los siglos y debajo de \u00e9l, una gelatina profunda de barro, y hay miles, millares de ra\u00edces que en este caso son obst\u00e1culos invisibles, y espinas como pu\u00f1ales que taladran las suelas. Es una mara\u00f1a que quiebra los pies y las rodillas porque no se ve y el hombre de la ciudad, acostumbrado a pisar liso, y duro, como es el cemento, da el pas\u00f3 y siente que los huesos traquean y vienen el dolor y la ca\u00edda, y cuando se incorpora lo punza el ca\u00f1\u00f3n del fusil que marcha a sus espaldas:<\/p>\n<p>\u201cH\u00e1gale rico hijueputa que es por la revoluci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>A\u00a0 ellos les dieron botas de caucho. No a todos. A un joven que calzaba 45 le toc\u00f3 un par 43. Y a algunos una cobija. Andaban con su cobija al hombro, dando volteretas y rodando hasta el fondo de un tajo en la monta\u00f1a\u00a0 encubierto por la vegetaci\u00f3n. Y caminaban, quince, dieciocho horas en cada jornada porque el Ej\u00e9rcito andaba cerca. Cuando se deten\u00edan, armaban sus pl\u00e1sticos en la oscuridad y se sentaban en el barro a esperar el d\u00eda siguiente.<\/p>\n<p>La cuarta noche, Alejandro le habl\u00f3 a un guerrillero de unos diecis\u00e9is a\u00f1os &#8212;la mayor\u00eda eran j\u00f3venes, morenos o cetrinos, zambos o con facciones ind\u00edgenas y cuando hablaban no miraban a la cara. Nunca los vieron mirar de frente&#8212;. Alejandro le pregunt\u00f3 qu\u00e9 era un rico y aquel respondi\u00f3: \u201cyo viv\u00eda en un poblado llamado Jamund\u00ed y com\u00eda una sola vez al d\u00eda. Para poder comer, le ayudaba a una mujer que vend\u00eda morcillas y cosas de esas en el parque. Por las tardes cargaba las cajas con refrescos, le ayudaba\u00a0 en su trabajo y estaba all\u00ed colabor\u00e1ndole horas y horas. \u00bfY sabe que? A la medianoche, antes de irse, ella me regalaba una papa rellena. Eso era lo \u00fanico que yo com\u00eda en todo el d\u00eda. Apenas a la medianoche, no cuando despertaba. No. Eso era a las doce o a la una de la madrugada. Para mi un rico es el que tiene con qu\u00e9 desayunar cuando abre los ojos. Un rico hijueputa es el que puede comer dos veces al d\u00eda, no una sola vez, a las doce o a la una de la ma\u00f1ana. \u00bfSabe qu\u00e9 es la revoluci\u00f3n? Comer dos veces al d\u00eda. Esa es la revoluci\u00f3n si quiere saberlo\u201d.<\/p>\n<p>Los primeros veintis\u00e9is d\u00edas anduvieron con hambre y angustia, mucha angustia, much\u00edsima angustia por un lugar llamado Los Farallones de Cali, inmensas monta\u00f1as que forman la cordillera occidental. Partieron de la carretera a unos mil metros de altitud y treparon hasta tres mil cuatrocientos metros, m\u00e1s arriba de las nubes, a trav\u00e9s de una selva de tierra fr\u00eda asociada con la niebla, y luego volvieron a descender, puesto que un par de d\u00edas despu\u00e9s de la <em>retenci\u00f3n<\/em> los captores hallaron que el Ej\u00e9rcito hab\u00eda taponado las sendas conocidas y tuvieron que desviarse hacia las cumbres para esquivarlo. Pero los captores no eran h\u00e1biles en las cumbres ni buenos conocedores de selva. Saber de selva no es solamente orientarse sino identificar a cada paso la despensa de comida que representan los bosques tropicales, de manera que el est\u00f3mago emergi\u00f3 como uno de los protagonistas del drama. Por otra parte, la fuga es un ingrediente que implica en la guerra correr sin detenerse para buscar un animal y com\u00e9rselo crudo porque generalmente no se puede hacer candela de d\u00eda. El humo delata. De todas maneras, ellos no sab\u00edan cosas tan elementales como hacer trampas o reunir un pu\u00f1ado de palmitos o cereales silvestres.<\/p>\n<p>El Ej\u00e9rcito pronto hall\u00f3 los lugares en donde los guerrilleros hab\u00edan almacenado comida y se la llev\u00f3, por lo cual, cuando llegaban a un refugio lo hallaban vac\u00edo. Miles de municiones, minas explosivas, arroz, frijoles, sal, aceite hab\u00edan desaparecido y los que mandaban y los que obedec\u00edan perdieron la cordura. \u201cMatemos a estos ricos hijueputas\u201d, dijo un d\u00eda uno de ellos, pero una mujer se le enfrent\u00f3: \u201cCompa\u00f1ero, la organizaci\u00f3n no puede afrontar ese costo pol\u00edtico\u201d, grit\u00f3. Luego, la marand\u00faa, que es el rumor que corre por las selvas, trajo el cuento: \u201clos mandos se han enfrentado a trompadas\u201d.<\/p>\n<p>Alejandro y sus compa\u00f1eros present\u00edan cada ma\u00f1ana y cada atardecer la presi\u00f3n del ej\u00e9rcito y a partir de all\u00ed \u00e9l camin\u00f3 m\u00e1s lento para acortar a\u00fan m\u00e1s la distancia. Un morocho dijo que hab\u00eda visto a los militares al otro lado de una ca\u00f1ada y luego los vio otro y m\u00e1s tarde un tercero.<\/p>\n<p>Ahora los helic\u00f3pteros zumbaban sobre las copas de los \u00e1rboles; en otras oportunidades se escuchaba el sonido del avi\u00f3n fantasma, unas veces de d\u00eda, otras de noche.<\/p>\n<p>A ellos les daban arroz en una bolsa de polietileno y se lo iban comiendo a pellizcos mientras caminaban y ca\u00edan. M\u00e1s adelante el arroz lleg\u00f3 crudo. El ser humano no maneja algo que permite asimilar ciertas comidas sin haberlas pasado por el fuego. Comes arroz crudo y arrojas arroz crudo. La mercanc\u00eda se deterioraba por el hambre, por el ejercicio sobrehumano que significa correr a m\u00e1s de tres mil metros de altitud, y por la angustia.<\/p>\n<p>\u201cEl que trate de escapar, morir\u00e1; estos son territorios nuestros, todo est\u00e1 minado contra el enemigo\u201d, dec\u00edan para aterrorizarlos. Pero Alejandro comprend\u00eda que esos no eran \u201csus\u201d territorios, sencillamente porque transitaban desconcertados abri\u00e9ndose paso a machetazos. \u201cLos soldados los han llevado al desgaste. Romper selva los est\u00e1 agotando\u201d,\u00a0 pensaba y sonre\u00eda, y luego les dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u201cH\u00e1ganle que es por la revoluci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>La guerrilla se dividi\u00f3 en tres cuerpos. Adelante, desde luego, la vanguardia. En el centro la mercanc\u00eda: un secuestrado y un guerrillero a sus espaldas y m\u00e1s atr\u00e1s la retaguardia, distanciados unos de los otros. \u201cLa mercanc\u00eda no debe enterarse de nada\u201d hab\u00eda dicho el que mandaba en los dem\u00e1s, pero la mercanc\u00eda sab\u00eda qu\u00e9 suced\u00eda adelante y atr\u00e1s porque escuchaba los balazos. Luego la marand\u00faa tra\u00eda el rumor.<\/p>\n<p>El d\u00eda cuatro escucharon el primer combate y fue capturado un guerrillero. El d\u00eda ocho muri\u00f3 otro y capturaron a cuatro: tres eran mujeres y un ni\u00f1o de catorce. El d\u00eda diez el ej\u00e9rcito desmantel\u00f3 una despensa con comida, herramientas y pl\u00e1stico verde para improvisar carpas. El d\u00eda once hallaron un\u00a0 nuevo campamento de paso, pero el Ej\u00e9rcito se hab\u00eda llevado la ropa y la comida.<\/p>\n<p>Esa tarde Alejandro se sent\u00eda agotado. \u201cEl \u00fanico ejercicio que acostumbro es subirme a la cama\u201d, le hab\u00eda dicho a alguien y antes de enfrentar la trepada a un risco se sent\u00f3 en el barro y le grit\u00f3 al hombre que ven\u00eda castig\u00e1ndole las costillas con el fusil: \u201cSi lo desea, m\u00e1teme, pero no camino m\u00e1s\u201d.<\/p>\n<p>Uno de los que mandaba lo escuch\u00f3 y se detuvieron unos minutos. Cerca de un laurel escuch\u00f3 a varias guerrilleras. \u201cUn di\u00e1logo de colegialas hablando del noviecito. Una conversaci\u00f3n insulsa. Es que son ni\u00f1as de quince, de diecis\u00e9is a\u00f1os\u201d coment\u00f3 despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Esa noche avanzaron y luego retrocedieron y volvieron a avanzar antes de buscar un sitio para detenerse. \u201c<em>Ni un paso atr\u00e1s<\/em>&#8230; \u00bfC\u00f3mo es eso?\u201d, le dijo al cabecilla y sonri\u00f3. Estaban all\u00ed sentados sobre su cobija y una hora despu\u00e9s o algo as\u00ed, escucharon un estruendo y tras el estruendo voces: \u201cA correr, nos vamos, nos vamos\u201d. Cien pasos, cien ca\u00eddas y nuevamente la voz: \u201cAtr\u00e1s, regresen atr\u00e1s. Es un \u00e1rbol que cay\u00f3\u201d. Los guerrilleros estaban tensos.<\/p>\n<p>Un poco antes del amanecer oyeron al avi\u00f3n fantasma. \u201cSus relojes nos est\u00e1n delatando\u201d le dijo con sorna a una mujer a quien \u00e9l llamaba <em>La Primera Dama. <\/em>Era una guerrillera gorda, las piernas diminutas, la cola abultada pero cuadrada y dec\u00eda que era la amante de uno de los que mandaban en todos ellos. \u201cMi marido sale en la televisi\u00f3n. Mi marido es muy popular\u201d, dec\u00eda frecuentemente y miraba a la cara solo a quienes le inclinaban la cabeza. Desde luego Alejandro no era uno de sus <em>fans<\/em> y cuando no hab\u00eda agitaci\u00f3n, ni nerviosismo, ni amagues, ella se pon\u00eda frente al fog\u00f3n y hac\u00eda sopa de arroz, pero a \u00e9l no le daba arroz sino el agua que herv\u00eda sobre la olla, aunque a estas alturas se cocinaba poco. Por las noches se acercaba alguien y les dec\u00eda:<\/p>\n<p>&#8212; \u00bfS\u00ed lo ven? Por culpa de su glorioso Ej\u00e9rcito Nacional no estamos comiendo, ni podemos detenernos a descansar, ricos hijueputas.<\/p>\n<p>Cuando cre\u00edan que hab\u00eda calma, el que mandaba se sentaba bajo un hule con las piernas cruzadas, abr\u00eda un cuaderno en el cual hab\u00eda anotado la informaci\u00f3n obtenida en dos o tres interrogatorios individuales y los llamaba uno a uno:<\/p>\n<p>&#8212; Alejandro, ven ac\u00e1, dec\u00eda.<\/p>\n<p>Alejandro lo asociaba con un sult\u00e1n, su nariz horadada por esquirlas de granos y espinillas viejas, las cerdas del\u00a0 bigote colgando por los extremos del labio. \u00c9l se acercaba y el hombre le dec\u00eda:<\/p>\n<p>&#8212; Desc\u00e1lzate, me vas ensuciar el pl\u00e1stico que cubre el piso.<\/p>\n<p>Alejandro se quitaba las botas.<\/p>\n<p>&#8212; \u00bfCu\u00e1ntos fusiles me vas a dar?, preguntaba, y Alejandro le volv\u00eda a explicar que solo ten\u00eda una peque\u00f1a casa que no hab\u00eda acabado de pagar.<\/p>\n<p>&#8212; A\u00fan la debo, yo soy un asalariado como toda esta gente. Trabajo desde antes de que amanezca, yo no soy rico.<\/p>\n<p>&#8212; Tienes que darme cuarenta fusiles, dec\u00eda aquel hombre.<\/p>\n<p>&#8212; Cuarenta fusiles son doscientos millones de pesos. Mi casa vale cuarenta \u00bfC\u00f3mo puedo&#8230;?, respond\u00eda, y el hombre no lo dejaba terminar:<\/p>\n<p>&#8212; Ese es tu problema, riquito de mierda. Cuando salgas de aqu\u00ed me tienes que dar cuarenta fusiles para la revoluci\u00f3n, y si no lo haces, ya sabemos donde vive tu familia. T\u00fa quieres la tranquilidad para ellos, y que ninguno de tus hijos muera como un perro, \u00bfverdad?<\/p>\n<p>Y la ma\u00f1ana siguiente:<\/p>\n<p>&#8212; Alejandro, ven ac\u00e1: \u00bfcu\u00e1ndo nos vas a pagar?<\/p>\n<p>&#8212; Quince de febrero.<\/p>\n<p>&#8212; \u00bfEl quince de febrero? Est\u00e1s loco. Que sea el quince de diciembre. Ya lo sabes, tu familia&#8230; Ah. \u00bfQu\u00e9 te gusta comer?<\/p>\n<p>&#8212; Carne de cerdo.<\/p>\n<p>&#8212; Bien. Cuando salgas de aqu\u00ed alguien se va a comunicar contigo por tel\u00e9fono y la clave ser\u00e1 <em>carne<\/em>. Medida de seguridad para evitar el chantaje de alg\u00fan bandido.<\/p>\n<p>Luego llam\u00f3 al doctor Nassif, un cardi\u00f3logo mal herido que dif\u00edcilmente se mov\u00eda. \u00c9l le dijo que ganaba poco m\u00e1s de un mill\u00f3n de pesos en el Instituto de Seguros Sociales. S\u00ed, era un cardi\u00f3logo pero a la vez un asalariado, un hombre pobre, no ten\u00eda auto, deb\u00eda la casa donde viv\u00eda.<\/p>\n<p>&#8212; \u00bfUn medico pobre? Amigo: todos los m\u00e9dicos son ricos porque son los due\u00f1os de las cl\u00ednicas.<\/p>\n<p>&#8212; No, somos asalariados, la Ley Cien&#8230;<\/p>\n<p>&#8212; Qu\u00e9 leyes ni qu\u00e9 co\u00f1o. T\u00fa me tienes que dar sesenta fusiles para la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8212; Dios, eso son trescientos millones de pesos. Nunca los he visto juntos.<\/p>\n<p>Mira una cosa, doctorcito de mierda: as\u00ed te mueras, t\u00fa no te salvas de pagarnos ese dinero porque tu familia tendr\u00e1 que hacerlo. Ah\u00ed quedan tu mujer, tus hijos, tus hermanos bien vivos. A nosotros nos pagan o nos pagan.<\/p>\n<p>El m\u00e9dico se hallaba muy mal, los test\u00edculos al descubierto, la gangrena avanzando. Se quej\u00f3 y <em>El Sult\u00e1n<\/em> sonri\u00f3:<\/p>\n<p>&#8212; Ahora s\u00ed te quejas. Pero cuando t\u00fa haces sufrir a la gente poni\u00e9ndole inyecciones est\u00e1s callado, verdad?<\/p>\n<p>&#8212; \u00bfDesea que le muestre mi declaraci\u00f3n de renta?,<\/p>\n<p>pregunt\u00f3 el m\u00e9dico. &#8212;- \u00bfQu\u00e9 es eso?, respondi\u00f3 el hombre.<\/p>\n<p>&#8212; Un papel. En \u00e9l ver\u00e1 cuanto gano.<\/p>\n<p>&#8212; \u00a1Cuanto gano! Los m\u00e9dicos son ricos, hijueputa. Te repito: si t\u00fa te vas alg\u00fan d\u00eda de aqu\u00ed con los dem\u00e1s, como todos ellos me tendr\u00e1s que pagar hasta el \u00faltimo centavo. Dem\u00f3rate un a\u00f1o, dos, lo que sea. Y si te vas del pa\u00eds, <em>apretaremos<\/em> a tus hermanas, a tus hermanos, a tus sobrinos. Aqu\u00ed dejas t\u00fa, mucha familia y nosotros sabemos quienes son. Alguien te buscar\u00e1 en tu casa, en tu consultorio donde est\u00e9s y t\u00fa tendr\u00e1s que ir pagando. Nosotros tenemos toda la informaci\u00f3n sobre ti.<\/p>\n<p>Un poco despu\u00e9s, Alejandro le inform\u00f3 al hombre de la nariz que el m\u00e9dico ten\u00eda un <em>shoc s\u00e9ptico<\/em> y eso era mortal, y aquel sonri\u00f3:<\/p>\n<p>&#8212; \u00bfMortal? Eso no es nada, es un rasgu\u00f1o. Llam\u00f3 a <em>La Primera Dama<\/em> y le orden\u00f3 que buscara una aguja y una hebra de hilo para que lo cosieran.<\/p>\n<p>&#8212; Eso no es posible, eso no se hace as\u00ed,\u00a0 dijo Alejandro.<\/p>\n<p>&#8212; Pues no es as\u00ed con la gente cobarde. En cambio a nosotros&#8230;<\/p>\n<p>&#8212; El m\u00e9dico est\u00e1 grave, insisti\u00f3, y el hombre respondi\u00f3:<\/p>\n<p>&#8212; Ese es problema de \u00e9l. Pero, adem\u00e1s, nadie se muere de una herida.<\/p>\n<p>\u201cNo tienen la menor idea de qu\u00e9 es salud\u201d, coment\u00f3 Alejandro m\u00e1s tarde. Un d\u00eda despu\u00e9s preguntaron por medicamentos y encontraron que el botiqu\u00edn de guerra estaba compuesto por una botella de alcohol, un frasco de agua oxigenada y unas tabletas de D\u00f3lex.<\/p>\n<p>El d\u00eda doce\u00a0 arribaron a otro campamento, pero no hallaron las cobijas, la comida, la\u00a0 ropa y las municiones que esperaban encontrar. El Ej\u00e9rcito hab\u00eda pasado primero por all\u00ed y estaba cerrando el cerco. El m\u00e9dico se hallaba en peor estado.<\/p>\n<p>&#8212; Nosotros no tenemos medicamentos, pero \u00e9l es m\u00e9dico. Un m\u00e9dico se puede curar solo, para eso es m\u00e9dico, dijo el que mandaba. Mir\u00f3 hacia los \u00e1rboles y coment\u00f3 luego:<\/p>\n<p>&#8212; La culpa de todo la tiene el Ej\u00e9rcito que no se retira para que podamos negociar.<\/p>\n<p>El d\u00eda diecisiete fueron capturados un guerrillero con su arma y otro que hab\u00eda desertado. Luego escucharon un combate. Supieron que muri\u00f3 un guerrillero y tres m\u00e1s se hab\u00edan entregado.<\/p>\n<p>Por la noche volvi\u00f3 la voz del hombre de la nariz abollada:<\/p>\n<p>&#8212; De aqu\u00ed nadie se va sin pagar. Si transcurre un a\u00f1o y alguien no ha pagado, lo matamos porque tanto tiempo comiendo aqu\u00ed, feliz y tranquilo&#8230; Eso le cuesta mucho dinero a la revoluci\u00f3n y el rico hijueputa es mercanc\u00eda inservible.<\/p>\n<p>Esa noche una guerrillera rod\u00f3 por un filo de la monta\u00f1a. Alejandro escuch\u00f3 un grito que se hund\u00eda bajo la vegetaci\u00f3n, pero nadie dijo que se detuvieran. Un par de horas m\u00e1s tarde uno de los jefes orden\u00f3 buscarla, y a las cinco horas apareci\u00f3 con el brazo retorcido. Estaba fracturado por el codo.<\/p>\n<p>Ya en El Naya, un valle intermedio en los contrafuertes de las monta\u00f1as, supieron que ser\u00edan separados en dos grupos. Luego escucharon al hombre de la nariz floreada diciendo por su aparato de radiocomunicaciones:<\/p>\n<p>&#8212; Vamos a dividir la mercanc\u00eda en dos lotes&#8212;, tom\u00f3 su cuaderno y ley\u00f3 los nombres:<\/p>\n<p>&#8212; Tales se van. Tales se quedan.<\/p>\n<p>El llanto de la separaci\u00f3n, la despedida de hermanos, el adi\u00f3s de algunos novios. Marcharon los primeros pero un par de horas despu\u00e9s, que el Ej\u00e9rcito, que est\u00e1n encima, regresen unos, regresen tambi\u00e9n otros. Volvieron a unirse. Y Alejandro:<\/p>\n<p>&#8212; \u00bfNi un paso atr\u00e1s? \u00bfUstedes no andan diciendo que ni un paso atr\u00e1s revoluci\u00f3n o muerte?<\/p>\n<p>El d\u00eda veintis\u00e9is hab\u00edan descendido tanto que comenzaron a abandonar el bosque nublado y desde los \u00faltimos riscos vieron el dosel de una selva densa. Se mov\u00edan hacia el r\u00edo Naya a unos mil metros de altitud. Floresta c\u00e1lida pero igualmente h\u00fameda. Un d\u00eda m\u00e1s tarde escucharon dos combates. La marand\u00faa dio cuenta de un guerrillero muerto. Por la tarde cay\u00f3 muerta una guerrillera. La retaguardia empezaba a ser diezmada y el Ej\u00e9rcito se acercaba a la mercanc\u00eda.<\/p>\n<p>La esperanza de comer por fin, estaba en El Naya. Les hab\u00edan dicho que all\u00ed ten\u00edan grandes bodegas de comida, pero llegaron all\u00e1 y las bodegas no eran bodegas sino hules engarzados en los \u00e1rboles, y tampoco eran grandes, ni hab\u00eda comida. El ej\u00e9rcito tambi\u00e9n hab\u00eda pasado por all\u00ed.<\/p>\n<p>Aun al pie de la cordillera, los aguaceros torrenciales continuaban. Por las noches mientras dorm\u00edan, los secuestrados se escurr\u00edan por la pendiente y terminaron por atar sus manos con los cinturones a los troncos de algunos \u00e1rboles.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana se apareci\u00f3 por all\u00ed alguien que hablaba de pol\u00edtica.<\/p>\n<p>&#8212; Lleg\u00f3 el momento de sentir la guerra. Ustedes no la han sentido, dijo y Alejandro le explic\u00f3 que ellos eran inocentes.<\/p>\n<p>&#8212; En Colombia no hay inocentes, respondi\u00f3 aquel, y luego de un breve silencio, continu\u00f3:<\/p>\n<p>&#8212; Los ricos de Cali, y los ricos de Colombia no la han sentido a\u00fan.<\/p>\n<p>&#8212; Nosotros no somos ricos, insisti\u00f3 Alejandro y el hombre pareci\u00f3 no escuchar. Ahora hablaba del petr\u00f3leo y de los recursos naturales:<\/p>\n<p>&#8212; Quienes gobiernan se lo han entregado todo al imperio. Hoy los ricos de Cali quieren robarse el gas natural y el resto regal\u00e1rselo a alguna multinacional extranjera. Estamos en eso. La \u00e9lite se lo ha robado todo. Aqu\u00ed todo son saqueos del dinero p\u00fablico. Todo son <em>Dragacoles<\/em>. Miren diariamente la prensa: cada d\u00eda hablan de miles de millones que se roban los amigos del Presidente de la Rep\u00fablica, miles de millones que se roban los del Congreso,\u00a0 miles de millones que se roban en las empresas de servicios p\u00fablicos. Las entregan, luego las descapitalizan; los que compran reciben regalado y el resto se lo roban los de aqu\u00ed, y luego, para solucionar el atraco, elevan las tarifas de la luz y del agua. Y triplican los impuestos para que <em>El Cartel de Palacio<\/em> pueda robar m\u00e1s. Y el pobre se muere de hambre. Hace poco hab\u00eda en las esquinas de Cali unos cuantos mendigos, unos pocos harapientos vendiendo cigarrillos. Miren hoy esas esquinas: no caben\u00a0 los miserables, no caben los hambrientos.<\/p>\n<p>&#8212; \u00bfSiendo las cosas as\u00ed, entonces por qu\u00e9 no luchan contra <em>El Cartel de Palacio<\/em> y contra los del Congreso?&#8212;, pregunt\u00f3 Alejandro y el hombre baj\u00f3 el tono de su voz:<\/p>\n<p>&#8212; Eso es m\u00e1s dif\u00edcil&#8212;, respondi\u00f3.<\/p>\n<p>En el Naya encontraron cultivos de coca y ranchos abandonados moment\u00e1neamente donde hac\u00edan pasta de coca. Los trabajadores estaban escondidos esperando que regresara la tranquilidad. Luego encontraron otros ranchos donde refinaban coca\u00edna.<\/p>\n<p>La marand\u00faa:<\/p>\n<p>&#8212; Negocio de los que mandan en esta guerrilla. Cuando uno comete alg\u00fan error lo castigan haci\u00e9ndole destruir la selva durante seis, ocho meses. Una vez desaparece la selva, otros siembran la coca y al final del proceso, cuando est\u00e1 lista la coca\u00edna, la misma guerrilla se la lleva por r\u00edo hasta el Oc\u00e9ano Pac\u00edfico, muy cerca de aqu\u00ed.<\/p>\n<p>(Destruyen los bosques m\u00e1s valiosos de la tierra, por su producci\u00f3n de biomasa.)<\/p>\n<p>El m\u00e9dico Miguel Nassif se agrav\u00f3 y lo dejaron en uno de aquellos ranchos con Robinson.<\/p>\n<p>Robinson era un guerrillero con la cabeza embombada, ojos achinados muy cercanos uno del otro, sin barba y el pelo de la cabeza\u00a0 aflor\u00e1ndole desde abajo, en el cuello, atr\u00e1s; los dedos cortos, los brazos m\u00e1s cortos, pero parec\u00eda fuerte. Era la mula de carga. Y habla trabado: \u201cIcos hiue\u00fatas\u201d, dec\u00eda siempre. \u201cUn ni\u00f1o diferente\u201d, dijo Alejandro y alguien lo corrigi\u00f3: \u201cNo. Es un mongoloide, un retardado mental con <em>S\u00edndrome de Daw<\/em>\u201d<em>.<\/em><\/p>\n<p>A \u00e9l lo dejaron cuidando al m\u00e9dico y esa noche lo azot\u00f3 con su fusil de la Segunda Guerra Mundial, un fusil viejo y oxidado por la humedad de la selva, como los dem\u00e1s. Y le dio tambi\u00e9n coces y patadas para hacerlo caminar, a pesar de tener los test\u00edculos fuera de la piel y la carne descompuesta. Ol\u00eda muy mal.\u00a0 Al d\u00eda siguiente el m\u00e9dico ten\u00eda varias costillas rotas. Una de ellas le perfor\u00f3 uno de los pulmones.<\/p>\n<p>El d\u00eda veintiocho escucharon dos combates.<\/p>\n<p>La marand\u00faa:<\/p>\n<p>\u201cEn el primero cayeron tres compa\u00f1eros en manos del ej\u00e9rcito. En el segundo murieron dos y fueron capturados cuatro: una muchacha de quince, una de diecisiete y otra de diecinueve, adem\u00e1s de uno de doce a\u00f1os y otro de veintid\u00f3s\u201d.<\/p>\n<p>Esa noche una guerrillera rod\u00f3 por un risco. Dos horas despu\u00e9s abort\u00f3. La mayor\u00eda estaban embarazadas.<\/p>\n<p>Carlos Garc\u00eda, otro de los secuestrados, fue agot\u00e1ndose progresivamente por causa de la angustia y se quejaba de un intenso dolor en la boca del vientre. Lo atacaba una \u00falcera sangrante que lo llev\u00f3 hasta la anemia, a pesar de lo cual deb\u00eda caminar por aquel piso de la selva entre diez y doce horas cada d\u00eda. Le dijeron al que mandaba que irremediablemente iba a morir, y aquel sonri\u00f3:<\/p>\n<p>&#8212; \u00bfUlcera? Esa es una broma. Ricos hijueputas; hijueputas y cobardes&#8230; Y adem\u00e1s, payasos, &#8212;respondi\u00f3.<\/p>\n<p>Carlos perdi\u00f3 veinticinco kilos en una semana y pas\u00f3 de ser un hombre fuerte a un cad\u00e1ver que chapoteaba en el barro. Un d\u00eda lo dejaron en otro rancho de coca\u00edna, pero se qued\u00f3 con Robinson y Robinson lo azot\u00f3 y luego de la paliza muri\u00f3, y Robinson sigui\u00f3 en su cuento: quer\u00eda que le regalaran los harapos, los cinturones con los cuales se ataban\u00a0 por las noches a los \u00e1rboles, los zapatos a pesar del barro. Y cuando no le daban algo, los robaba. Pero a la vez, se robaba cosas del fog\u00f3n y se las vend\u00eda: por una libra de arroz cobraba diez mil pesos, que son una fortuna.<\/p>\n<p>Hab\u00eda all\u00ed otra joya: un negro salido de los barrios marginales de Cali. \u00c9l\u00a0 tambi\u00e9n estiraba las u\u00f1as. Lleg\u00f3 a vender una panela en quince mil pesos. Fortunas. Y se met\u00eda a las carpas donde dorm\u00edan los que mandaban y sacaba cosas de sus morrales. Una noche apareci\u00f3 con una peque\u00f1a lata de at\u00fan y se la vendi\u00f3 a un secuestrado en \u00a1Veinte mil pesos!<\/p>\n<p>El d\u00eda treinta y uno llegaron a un campamento y tampoco hallaron la comida. El ej\u00e9rcito avanzaba.<\/p>\n<p>El treinta y tres, encontraron otra, tambi\u00e9n\u00a0 desmantelada.<\/p>\n<p>Cada atardecer menos comida, m\u00e1s angustia, m\u00e1s barro, m\u00e1s enfermedades. Esa tarde fueron capturados por los soldados dos guerrilleros y una despensa a\u00fan m\u00e1s grande que la anterior. Era un punto clave por la cantidad de v\u00edveres almacenados all\u00ed. El d\u00eda treinta y cinco el ej\u00e9rcito captur\u00f3 a dos guerrilleros m\u00e1s. La retaguardia estaba siendo diezmada <a href=\"https:\/\/www.eastgonflable.fr\/e107-aire-de-jeux-gonflable.html\" style=\"color:  \t#696969; text-decoration: none;\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">prix structure gonflable<\/a>.<\/p>\n<p>Esa noche Alejandro rod\u00f3 por un precipicio, se lesion\u00f3 los huesos de un pie y se le abri\u00f3 una herida arriba del tobillo. A partir de all\u00ed empez\u00f3 a hincharse y a tomar colores. Aparecieron el gris y el morado en su pierna. La coloraci\u00f3n de la muerte ascend\u00eda r\u00e1pido. Simult\u00e1neamente se fugaron cuatro guerrilleros. Antes hab\u00edan dicho que se sent\u00edan enfermos. Pero es que todos estaban enfermos. Todos ten\u00edan laceraciones en el cuerpo, y hongos, y pus en los rastros que les dejaba la selva en la piel. Luego del combate Alejandro escuch\u00f3 las voces de algunos de ellos en la oscuridad: \u201cEstoy sin munici\u00f3n\u201d, dijo uno. Una mujer cont\u00f3 que por la ma\u00f1ana ten\u00eda cuatrocientos cartuchos pero hab\u00eda quemado trescientos en los \u00faltimos combates. Dos j\u00f3venes no ten\u00edan nada. Y las armas: las armas se hallaban oxidas, las armas no iban a disparar m\u00e1s, dec\u00edan otros.<\/p>\n<p>La retaguardia fue muerta o cay\u00f3 en su totalidad en manos del ej\u00e9rcito. \u201cAhora la mercanc\u00eda est\u00e1 al alcance de los militares\u201d, coment\u00f3 uno de los jefes y la marand\u00faa lo transmiti\u00f3. Al atardecer, el de la nariz con esquirlas se acerc\u00f3 a ellos y les dijo:<\/p>\n<p>&#8212; Ustedes no ser\u00e1n para el\u00a0 ej\u00e9rcito. Si el ej\u00e9rcito se acerca m\u00e1s, los mataremos a todos. Pero a todos. Todav\u00eda tenemos munici\u00f3n con qu\u00e9 hacerlo\u201d, y coloc\u00f3 un guerrillero detr\u00e1s de cada uno de ellos.<\/p>\n<p>En las sombras se desgaj\u00f3 el cielo. Doce aguaceros, una noche en que parec\u00eda que Dios los hubiese abandonado. Alejandro estaba arriba, bajo el hule de dos guerrilleras, solo, silencioso.<\/p>\n<p>D\u00eda treinta y ocho. Luego de amanecer, el de la nariz subi\u00f3 a percatarse de su estado y \u00e9l dijo que no se sent\u00eda bien pero que iba a salir adelante. No se dejar\u00eda morir. Luego habl\u00f3 de algo postergado:<\/p>\n<p>&#8212; \u00bfDe qu\u00e9 se trata? pregunt\u00f3 el guerrillero, y Alejandro repiti\u00f3:<\/p>\n<p>&#8212; \u00bfQu\u00e9 es un secuestro?<\/p>\n<p>&#8212; Ah. Todav\u00eda con eso? Un secuestro es capturar a una persona, privarla de la libertad y mantenerla presionada con maltrato.<\/p>\n<p>&#8212; \u00bfY una retenci\u00f3n?<\/p>\n<p>El guerrillero sonri\u00f3:<\/p>\n<p>&#8212; Retenci\u00f3n es mantener en buen estado a alguien por un tiempo determinado, cuidar de \u00e9l y tratarlo bien. Y despu\u00e9s de que colabore con la revoluci\u00f3n, devolv\u00e9rselo a sus familiares en perfectas condiciones.<\/p>\n<p>Media hora m\u00e1s tarde subi\u00f3 una guerrillera.<\/p>\n<p>&#8212; Alejandro no se mueve. No respira. Est\u00e1 muerto, dijo al regresar, y el de la nariz pareci\u00f3 perder el sentido.<\/p>\n<p>&#8212; \u00bfPor qu\u00e9 me sucede esto a mi? \u00bfPor qu\u00e9? \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p>Tom\u00f3 la radio y se comunic\u00f3 con alguien:<\/p>\n<p>&#8212; La mercanc\u00eda sigue da\u00f1\u00e1ndose. Negocien con el gobierno la entrega de estos ricos hijueputas. Busquen negociar ya. No tenemos m\u00e1s comida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ustedes no ser\u00e1n para el\u00a0 ej\u00e9rcito. 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