{"id":1,"date":"2019-05-07T18:08:09","date_gmt":"2019-05-07T16:08:09","guid":{"rendered":"http:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/?p=1"},"modified":"2025-05-25T20:14:02","modified_gmt":"2025-05-26T01:14:02","slug":"fragmento-del-libro-huellas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/2019\/05\/07\/fragmento-del-libro-huellas\/","title":{"rendered":"Fragmento del libro Huellas"},"content":{"rendered":"\n<p><em>&#8216;Huellas&#8217;\nsigue el rastro del autor por pa\u00edses diversos.&nbsp;Aqu\u00ed, un fragmento de su\ntrabajo ejemplar.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.eltiempo.com\/cultura\/historias-ineditas-de-los-viajes-de-castro-caycedo-351130\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Por: Germ\u00e1n Castro Caycedo para El Tiempo<\/a><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"950\" height=\"475\" src=\"http:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/El-Tiempo-Foto-1-Principal.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3547\" style=\"width:489px;height:244px\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/El-Tiempo-Foto-1-Principal.jpeg 950w, https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/El-Tiempo-Foto-1-Principal-600x300.jpeg 600w, https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/El-Tiempo-Foto-1-Principal-300x150.jpeg 300w, https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/El-Tiempo-Foto-1-Principal-768x384.jpeg 768w, https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/El-Tiempo-Foto-1-Principal-170x85.jpeg 170w\" sizes=\"auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"> Cr\u00e9dito de la foto: Nietos de Oleg, junto a su tienda hecha de piel de reno. <br> Foto:&nbsp;Alejandro Mendoza <\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>Primera huella<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Muisc\u00e1mennii-Siberia<br>\n<strong>\u200b<\/strong><br>\nUno de sus amigos me dijo en San Petersburgo: \u201c\u00bfCarlos Grisales? \u00bfEl ge\u00f3logo\ncolombiano? Est\u00e1 viviendo en Siberia\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora\nsegu\u00edamos sus pasos en Salijard, una ciudad a tres horas en jet al nororiente\nde Mosc\u00fa, plantada sobre el c\u00edrculo polar \u00e1rtico. Grisales huy\u00f3 de la violencia\nen Colombia y termin\u00f3 viviendo en Vorkut\u00e1, un campo de destierro m\u00e1s all\u00e1 de\nlos Urales. All\u00ed lleg\u00f3 con Natascha Step\u00e1novna, su compa\u00f1era.<\/p>\n\n\n\n<p>El\npadre de Natascha era un desterrado y un d\u00eda ella le dijo:<br>\n\u2013Carlos, mi padre est\u00e1 enfermo, me voy a morir a su lado.<br>\n\u2013Nos moriremos los tres: yo me voy contigo.<br>\nEl cerebro de Natascha est\u00e1 atado a la cultura del destierro. Desde hac\u00eda cerca\nde dos siglos algunas mujeres hab\u00edan empezado a irse a Siberia a acompa\u00f1ar a\nsus familiares.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"600\" height=\"450\" src=\"http:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/El-Tiempo-Foto-2.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3548\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/El-Tiempo-Foto-2.jpeg 600w, https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/El-Tiempo-Foto-2-300x225.jpeg 300w, https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/El-Tiempo-Foto-2-127x95.jpeg 127w, https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/El-Tiempo-Foto-2-200x150.jpeg 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"> Cr\u00e9dito de la imagen: Oleg Jrimb\u00f3ievich, de la comunidad nenei, que se llaman a s\u00ed mismos \u2018nenei neneche\u2019, que traduce \u2018gente de verdad\u2019.<br> Foto:&nbsp;Alejandro Mendoza <\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Grisales\ny Natascha Step\u00e1nov-na ya no estaban en Vorkut\u00e1. El viejo muri\u00f3 y ellos se\nvinieron hace cinco a\u00f1os a un punto, 520 kil\u00f3metros al norte del c\u00edrculo polar\n\u00e1rtico, llamado Muisc\u00e1mennii, que no figura en los mapas convencionales de\nRusia. Ese era nuestro destino.<\/p>\n\n\n\n<p>Vol\u00e1bamos\nen un avi\u00f3n sesquiplano Ant\u00f3nov-2. A una hora de traves\u00eda el cielo estaba\nlimpio y empezamos a divisar la tundra: llanura invadida por las aguas que\ncorren sobre las tierras bajas.<\/p>\n\n\n\n<p>R\u00edos\nque se deslizan bajo una superficie congelada con una capa de m\u00e1s de un metro\nde hielo: r\u00edos y pantanos y lagunas. Lagos de colores con un sello de hielo\nblanco en los bordes y el resto azul claro, algunas veces ocre. Nada brilla\nall\u00e1 abajo. Es una visi\u00f3n apagada sobre el azul verdoso y el gris del techo de nubes\nque termina en el infinito.<\/p>\n\n\n\n<p>Al\nfrente ve\u00edamos, a trechos, comunidades de pinos, alerces y abedules delgados y\npeque\u00f1os, chamuscados por la ventisca y plantados como grupos de alfileres en\naquella inmensidad de musgo y m\u00e1rmol.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi\ncompa\u00f1ero de viaje era Alejandro Mendoza, un f\u00edsico colombiano que se vino a la\nUni\u00f3n Sovi\u00e9tica, estudi\u00f3 y se qued\u00f3 sumergido en el mundo de la ciencia. Luego\nde recibirse, cuando finalizaba la maestr\u00eda de su carrera, hizo pr\u00e1cticas en\nuna central nuclear aqu\u00ed en Siberia y quer\u00eda regresar.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s\nadelante cambi\u00f3 la imagen de la tundra y empezamos a volar sobre blanco y\nvapores azulados: bruma. Y en medio del blanco y de la niebla, siluetas de\nviviendas grises. Arquitectura sovi\u00e9tica.<\/p>\n\n\n\n<p>Era\nmayo, primavera tard\u00eda en el \u00c1rtico&#8230; \u201cLas noches blancas\u201d, le dicen a esta\n\u00e9poca con veinticuatro horas de luz.<\/p>\n\n\n\n<p>En\nMuisc\u00e1mennii \u2013donde permanecimos diez d\u00edas\u2013 hab\u00edamos perdido la noci\u00f3n del\ntiempo y del espacio en una geograf\u00eda monocorde, con un paisaje que no cambia,\ncon un clima que no parece variar: dos semanas de primavera, siete meses de\nsombras.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes\nde nuestro regreso a Salijard y luego a Mosc\u00fa, Nicolai Vor\u00edsovich, piloto de\nuno de los helic\u00f3pteros de las compa\u00f1\u00edas que extraen gas en Siberia, dijo que\nvolando hacia el norte hab\u00eda visto a una familia de nenei, hombres de las\nnieves, y pens\u00f3 en nosotros. Sus toldas estaban 120 kil\u00f3metros al norte.<\/p>\n\n\n\n<p>Como\nhace siglos, aquellos viven en un mundo esot\u00e9rico. Son trashumantes, no se\ndetienen en un sitio m\u00e1s de siete, ocho d\u00edas, seg\u00fan se agote en cada paraje el\nmusgo con que se alimenta un colosal reba\u00f1o de renos, raz\u00f3n de su existencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Temperatura,\nun grado cent\u00edgrado. All\u00ed apenas iban a comenzar dos semanas de primavera y el\nhielo comenzaba a derretirse bajo un sol t\u00edmido. Para Nicolai, este clima\nparec\u00eda mentira: en diciembre y enero hab\u00edan vivido una noche profunda y\ncincuenta y siete grados bajo cero.<\/p>\n\n\n\n<p>A\ntrescientos kil\u00f3metros al norte del c\u00edrculo polar \u00e1rtico, encontramos tres\ntoldas hechas con piel de reno. Un hombre, varios j\u00f3venes, las mujeres y los\nni\u00f1os llevaban trajes de piel de reno. Estaban sonrientes, levantaron las manos\npara saludar. Un poco despu\u00e9s nos alcanzaron un chuzo con trozos de carne de\nreno asada.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"600\" height=\"450\" src=\"http:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/El-Tiempo-Foto-3.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3549\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/El-Tiempo-Foto-3.jpeg 600w, https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/El-Tiempo-Foto-3-300x225.jpeg 300w, https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/El-Tiempo-Foto-3-127x95.jpeg 127w, https:\/\/germancastrocaycedo.co\/portal\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/El-Tiempo-Foto-3-200x150.jpeg 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"> Cr\u00e9dito de la imagen: El Ant\u00f3nov-2, en el que Castro Caycedo y el fot\u00f3grafo y f\u00edsico colombiano Alejandro Mendoza viajaron a un lugar llamado Muisc\u00e1mennii, 520 km al norte del c\u00edrculo polar \u00e1rtico.<br> Foto:&nbsp;Alejandro Mendoza <\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Nos\npresentamos. Alejandro le pregunt\u00f3 c\u00f3mo se llamaba, y no respondi\u00f3. Sonri\u00f3, y\nAlejandro le dijo:<br>\n\u2013 \u00bfChilavi\u00e9k Nizv\u00edestnava Zv\u00e1nia? Y \u00e9l sonri\u00f3 a\u00fan m\u00e1s: \u201cEl hombre del nombre\ndesconocido?\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013La\ntundra est\u00e1 ahora llena de sonidos \u2013dijo \u00e9l\u2013. Antes hab\u00eda silencio. Todo\nsilencio: cuando cae la nieve, las palabras se congelan. Pero ahora se desl\u00eden\ny se escuchan. En el invierno dijimos cosas y las mujeres no las pudieron o\u00edr.\nAhora ellas sonr\u00eden: comienzan a escucharlas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Los\nrenos olfatean el musgo bajo el hielo y lo descubren con los cascos \u2013coment\u00f3 el\njefe, que, ahora sab\u00edamos, se llama Oleg Jrimb\u00f3ievich.<\/p>\n\n\n\n<p>Los\nnenei se llaman a ellos mismos nenei neneche, \u201cgente de verdad\u201d. No conocen la\nenvidia, no son ego\u00edstas (algo dif\u00edcil de entender para un latinoamericano. Y,\npor otro lado, sus vidas est\u00e1n gobernadas por el sentido de la libertad. S\u00ed. La\ntundra sin l\u00edmites es libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>Entramos\nen la carpa cuando nos invitaron. Unos cuatro metros de alta, seis de base. Los\nhombres duermen en el centro, que simboliza el \u00e1rbol de la vida; las mujeres, a\nla entrada.<\/p>\n\n\n\n<p>Afuera\nest\u00e1n los trineos formando un c\u00edrculo. Oleg dice ahora algo como que la tundra\nes un camino infinito y la tranquilidad est\u00e1 en el movimiento. El movimiento es\nlibertad: La tundra es est\u00e9ril, es necesario caminar siempre en busca del\nalimento de los animales. Por eso la vida se concibe en movimiento constante.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Los\n\u00fanicos que permanecen quietos son los muertos.<br>\nCuando se mueven, la familia se estira como una cuerda. Pero se detiene y en\nese momento se agrupa en c\u00edrculo. La casa es circular, una l\u00ednea que se agrupa.\nEn sus ceremonias, los nenei se mueven en c\u00edrculo.&nbsp;Antes de comenzar a\nandar, el acoso para reunir los reba\u00f1os de renos se hace en c\u00edrculos hasta\ncuando est\u00e9n juntos. El reno es un puente con los esp\u00edritus <a href=\"https:\/\/www.eastgonflable.fr\/e106058-air-track-gym.html\" style=\"color:  \t#696969; text-decoration: none;\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">air track gym<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando\nhay ventisca, los nenei marchan seg\u00fan las sacudidas de la cabeza del reno que\nlos gu\u00eda. Y en las noches con cielos despejados se gu\u00edan por las estrellas\nteniendo en cuenta su situaci\u00f3n alrededor de los cuernos de aquel\nreno.&nbsp;Una zona se considera colonizada, no cuando pasan por sobre ella sino\ncuando las mujeres levantan una carpa. Al levantarla, despu\u00e9s de caminar mucho,\nellas encienden el fuego.<\/p>\n\n\n\n<p>El\nfog\u00f3n es el reino de la mujer. Ella alimenta el fuego y la llama alimenta a las\npersonas. El sol tambi\u00e9n es una mujer.&nbsp;Y les tienen miedo a los difuntos.\nLos viejos, a los nacimientos porque la llegada de otro ser representa una\nmuerte para ellos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8216;Huellas&#8217; sigue el rastro del autor por pa\u00edses diversos.&nbsp;Aqu\u00ed, un fragmento de su trabajo ejemplar. Por: Germ\u00e1n Castro Caycedo para El Tiempo Primera huella Muisc\u00e1mennii-Siberia \u200b Uno de sus amigos me dijo en San Petersburgo: \u201c\u00bfCarlos Grisales? \u00bfEl ge\u00f3logo colombiano? Est\u00e1 viviendo en Siberia\u201d. 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